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El Salvador, una revolución muy ‘light’

Actualizado el 10 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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El Salvador, una revolución muy ‘light’

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Luego de 12 años de guerra de guerrillas bajo las más penosas condiciones, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) inició un proceso de paz con el Gobierno que luego le dio la oportunidad de llegar a tomar, por medio de las urnas, el poder en El Salvador.

Una situación inédita en Centroamérica y muy poco frecuente en el ámbito internacional tiene sus contradicciones políticas.

Es cierto que en esta pequeña pero pujante nación hermana el poder ejecutivo lo ejerce una fuerza revolucionaria, pero en el día a día, aquí se vive de lejos algo similar a una revolución, al menos en el sentido que se conoce.

Entre la forma en la que ejerce el poder el FMLN y como lo hace el resto de gobiernos de la región no hay mucha diferencia.

Es decir, cuando uno llega a San Salvador, no nota nada particular que lo haga pensar que arribó a un país que es gobernado por un partido de ideología de izquierda, más de los matices que existen en ese espectro político.

Eso era, por ejemplo, como llegar a la Cuba de Fidel o Raúl Castro, o la Nicaragua de Daniel Ortega, o la Venezuela de Hugo Chávez. Ni siquiera el Brasil de Lula o la Bolivia de Evo Morales.

No hay signos externos que indiquen un cambio social ni que haya en marcha un proceso para modificar las estructuras.

Razones. Desconozco el porqué es así, pero vislumbro algunas razones que se pueden apreciar a simple vista para un viajero.

El FMLN no tiene medios de comunicación (o al menos no se ven) que despejen dudas y hagan públicas sus aspiraciones de cambio. En otras palabras, el Frente no tiene quien le escriba.

Además, da la impresión de que el balance de fuerzas con su antagónico rival, Arena, es muy precario, lo que le impide la FMLN ejecutar un programa político más acorde con su ideología de izquierda revolucionaria.

Pero también asuntos internos que se perciben al leer las noticias, ver televisión, hablar con los salvadoreños. Hay disputas internas en el Farabundo Martí.

La más evidente es el divorcio explícito entre el presidente Mauricio Funes y el aparato organizativo y político del FMLN.

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Funes, periodista que no estuvo vinculado al proceso guerrillero, ha preferido, ya en el poder, mantener una prudente distancia, quizás sabedor del difícil equilibrio de poder con Arena.

Por eso, el Farabundo está en el gobierno, pero en la práctica no manda porque Funes lo prefiere.

¿Será por eso que el único país de la región que ha visitado Obama es El Salvador?.

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