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Óscar Ramírez pasó de la ecuanimidad a la euforia en el banquillo de Alajuelense

Actualizado el 24 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Óscar Ramírez pasó de la ecuanimidad a la euforia en el banquillo de Alajuelense

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Heredia. El técnico de Liga Deportiva Alajuelense , Óscar Ramírez, no perdió la compostura a pesar de tener el marcador cuesta arriba desde el 32'.

Ramírez lo primero que hizo fue persignarse al ingresar al terreno de juego. Inclinó su cuerpo, tocó el terreno sintético con su mano derecha e inició el ritual religioso.

Se sintió cómodo en su asiento hasta los 10 minutos de juego, luego empezó a moverse en la línea de blanco que le impide pasar a la lateral. Sin desesperarse, fue recurrente al señalar que el centro de la zaga debía permanecer más compacta.

Con las manos en las bolsas de su pantalón, vigiló cada movimiento del esférico. Su asistente, Harold López, le hablaba al oído por momentos, le mostraba una tabla y un par de movimientos con un marcador.

Algunas veces Macho movió su cabeza en señal de aprobación, en otras ni se inmutó.

Herediano logró dar el golpe en la primera media hora, el argentino Jonathan Hansen celebraba con sus compañeros y el Macho, sorprendido al principio, solicita luego al plantel una rápida reunión en el centro del campo para llamar a la calma.

En la segunda parte, el cerebro erizo lució más activo.

Óscar Ramírez lució muy activo en la segunda parte. | LUIS NAVARRO
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Óscar Ramírez lució muy activo en la segunda parte. | LUIS NAVARRO

Al llegar la anotación de Pablo Antonio Gabas y el 1 a 1 en el marcador la euforia acabó con la serenidad de Ramírez.

El Macho saltó y corrió por todo el banquillo, además de que lo gritó con todas sus fuerzas.

La única preocupación que tenía eran los constantes balones aéreos que metía el Team a la defensiva rojinegra, donde Pemberton fue figura.

¿Cómo controlar las alturas heredianas? Eso era lo que parecía conversar Óscar con su asistente Keylor Reyes.

Una motivación que tuvo el estratega en el que podría ser su último juego con la Liga fue la presencia de su familia en la gradería, la cual estaba encabezada por su esposa Jeanette Delgado y sus padres, Óscar y Ana.

Llegó el gol de Johan Venegas y la calma provisoria, porque había que mantener el marcador a favor. El rival se fue encima de la Liga y en el último suspiro le arrebató el título.

Según Ramírez, los errores arbitrales de Randall Poveda afectaron el marcador y el desarrollo de un partido que se alargó hasta los penales.

De infarto. El Macho no soportó la presión del juego y al final de los tiempos extras fue directamente a decirle a Poveda: "Me robaron el torneo", según captaron los micrófonos de Repretel, encargados de la transmisión.

Ramírez fue expulsado antes de los penales por su alterada protesta. Al abandonar el terreno recriminó: "Son unos sinvergüenzas".

La intesidad de la final pasó una cara factura al timonel manudo, quien observó desde las graderías como el título se le iba de las manos en la tanda de penales.

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