Deportes

Para llegar al éxito, futbolistas tienen que salir de sus casas y no volver a ver atrás

Actualizado el 13 de julio de 2013 a las 12:00 am

Deportes

Para llegar al éxito, futbolistas tienen que salir de sus casas y no volver a ver atrás

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

 Juan Bustos Golobio. ARCHIVO
ampliar
Juan Bustos Golobio. ARCHIVO

Hay momentos en la vida en que se deben tomar decisiones cruciales; empero, lo ideal es que estos lleguen lo más tarde posible.

Al futbolista costarricense muchas veces eso no le pasa.

Desde adolescentes, algunos casi niños debieron elegir un camino, uno que no da espacio para dudas y que incluye sacrificios enormes, tales como, con maleta en mano, cruzar la puerta de su casa y no volver a ver atrás.

Tres de ellos compartieron su historia con La Nación y contaron lo difícil que fue abandonar sus cómodos hogares por esa fantasía que tienen prácticamente todos los jóvenes ticos y pocos logran hacer realidad: ser un futbolista de Primera División.

El primero en hablar fue el morado Juan Gabriel Bustos.

“Empecé viniendo los fines de semana donde una tía para probar en la Sub-17. Luego fue por las vacaciones de 15 días, luego por seis meses. Ya después me uní a Saprissa y me quedé con una señora, Luz María, por cinco años. La quiero mucho, pero no voy a mentir, fue duro”, dijo.

“Mi mamá no quería que yo viniera, decía que era peligroso, que me iba a acordar de ella cuando estuviera solo porque no sabía hacer nada. Era muy vago. Pero entonces decidí aprender de ella. Ahora que no está (murió en 2008), me hacen falta sus consejos, pero puedo hacer todo solo. Bueno, con Deyver (Vega), que es como mi hermano (viven juntos)”, añadió con risas.

El herediano Waylon Francis también vivió algo similar.

“A los 13, un conocido de nuestra familia en San José me dio la estadía para poder entrenar con Saprissa. Estaba apenas en sétimo año. Todos saben que esa es una etapa difícil; mi mamá pasaba preocupada por mí”, expuso.

“Fue duro porque no sabía en quien confiar. No sabía a quien contarle las cosas. Pero aprendí a independizarme y creo que eso me sirvió para ser fuerte mentalmente. A los 15, cuando decidí pasarme a Brujas, mi mamá se vino a vivir conmigo y ya yo era más maduro”.

Última historia. Finalmente está el caso del florense Yosimar Arias.

“Yo me vine a los 13 años a vivir con unos tíos en Heredia primero, unos meses después se vino mi papá, pero a los 15 quedé solo”, contó.

PUBLICIDAD

“Sufría mucho. No sabía cocinar, no sabía lavar. Me sentía solo. Tenía que pasar hablando por teléfono con mi mamá. A veces hasta la ropa sucia le llevaba. Yo en Sámara andaba en bicicleta o iba a mejenguear. Aquí lo que hacía era ver televisión mientras pensaba si me había equivocado”, comentó el volante. Colaboró Gabriel Vargas

  • Comparta este artículo
Deportes

Para llegar al éxito, futbolistas tienen que salir de sus casas y no volver a ver atrás

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota