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Merecida victoria de Alajuelense

La Liga gozó con una S que es un alma en pena

Actualizado el 18 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Los manudos forjaron su victoria en la inicial y la sellaron en la segunda mitad

Saprissa intentó una reacción sin éxito y así sumó su segunda derrota consecutiva

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Alajuela. ¿Qué es un clásico? Es el juego en el que se enfrenta al rival que se odia en el deporte que se ama. Por lo tanto, no hay mejor terapia para alejar espantos que ganar un clásico.

Eso le pasó ayer a Liga Deportiva Alajuelense, que se sacó dos años sin victoria en su estadio ante el Saprissa y ahora ve el mundo con otros ojos.

La S, por su parte, quedó arrodillada, con dudas enormes y certezas mínimas (algo que le pasa con frecuencia en su historia reciente).

Alajuelense encarriló de entrada el juego ante un Saprissa que entró dormido.

Si un gol a favor siempre cae de perlas en un clásico, que este caiga apenas en el inicio es una excelente noticia para el que anota y le afloja los nervios al castigado.

El tanto de Jerry Palacios puso a la S de espaldas y con la capacidad de reacción al mínimo.

Con el catracho enchufado (inició la jugada del segundo tanto) y dueño del centro del área rival, el cuadro tibaseño padeció.

Distintos ritmos. Mientras la Liga jugaba a velocidad de crucero, al Saprissa todo le hacía cortocircuito y, peor para sus intereses, su desconcierto era evidente: en el bando morado nadie entendía el juego.

Los más perdidos, dentro de un cuadro inerme e inerte, fueron Edder Nelson y Diego Estrada. Ambos se tuvieron que ir de cambio antes de que terminara el primer tiempo: tan pobre era su juego.

Si de Estrada no hubo noticias, con Nelson, el costado derecho de la zaga morada fue callejón sin ley.

Ese carril abierto lo aprovechó Diego Calvo, quien se fue en sprint y habilitó a Álvaro Sánchez, íngrimo en el segundo palo, quien marcó el segundo (32’).

La entrada de Alexander Robinson y Deyver Vega procuró salvar una barca que hacía agua en su línea de flotación; de hecho, con el segundo, la S hizo su primera llegada de pie a pie de toda la inicial (45’).

El gol de José Luis Cordero (47’) le devolvió los colores a un Saprissa que cambió su cara, por los ajustes tácticos y una dosis de verguenza.

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Sin atosigar, el once tibaseño sintió la posibilidad de un empate; sin embargo, de ilusión no pasó y, más bien, Armando Alonso (para mayor mortificación morada) sentenció un juego que la Liga amarró desde la inicial.

La expulsión de Golobio fue solo el corolario de un equipo que anda como alma en pena.

Todo el liguismo gozó ayer a expensas de su archirrival: no existe nada mejor en el deporte que vender al rival de toda la vida.

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