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La Liga se deshizo de un gris Santos

Actualizado el 18 de abril de 2013 a las 12:00 am

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La Liga se deshizo de un gris Santos

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                         Víctor Bolívar se estira todo lo que puede para sacar esta metralla manuda, que anoche castigó su valla con cuatro perforaciones. | CARLOS BORBÓN
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Víctor Bolívar se estira todo lo que puede para sacar esta metralla manuda, que anoche castigó su valla con cuatro perforaciones. | CARLOS BORBÓN

Alajuela. Unos Santos desalmados se convirtieron en el unguento que urgentemente necesitaba la Liga para sanear sus heridas.

No cambia nada. El equipo no está clasificado ni se alejan las dudas de una irregular campaña; pero un triunfo gratis a nadie le cae mal, en especial para paliar tiempos de crisis.

No se puede alabar el reencuentro con la fluidez en la armada eriza, ni analizar la responsabilidad de Kenneth Coco García en eso.

Tampoco el aporte de los dos puntas, Allen Guevara y Álvaro Sánchez, quienes regresaron a su mejor nivel.

Todo esto por un simple motivo: los que anoche representaron a Guápiles fueron más fantasmas que santos.

Los caribeños se cayeron en la media, área del campo donde es crucial poner hombres con brios para detener a los veloces volantes del Alajuelense.

El principio del partido fue un engaño, una mentira. En ese entonces parecía que sería un encuentro de dos dimensiones.

Guevara anunció, al minuto uno, que su equipo venía con hambre. Carlos Ramírez respondió, al 7’, que no se dejarían tan fácil.

Sin embargo, cuando los hombres de la media no corren todo se traduce en una escalada de errores que culminan con obsequiar el partido al rival.

El primer gol llegó como un regalo, al 19’. Tiro libre que se desvió en la barrera y entró de rebote ante la mirada de un desubicado Víctor Bolívar.

El segundo, al 26’, fue cortesía de la mala marca sobre Jerry Palacios. Todos saben que la bola va a buscar al ‘9’; aún así nadie pudo evitar que’ el hondureño rozara de cabeza para definir el juego.

El segundo tiempo fue un calco del primero: un espejismo de paridad en los primeros minutos que se resolvió con otro error defensivo.

Meneses no encontró oposición para enviar un tiro de esquina al fondo de los cordeles, al 55’. Así de fácil ya era 3-0.

Cansados y sin mucho que mostrar, los manudos dejaron que Santos salieran de su encierro. La trampa era el contragolpe.

Ahí se fue el resto del juego: un Santos que no podía y un Alajuelense al que le bastó media máquina para golear.

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A seis minutos del final, Juan Gabriel Guzman anotó un penal, tras falta contra Wálter Cheves. Si fue dentro o fuera del área a nadie pareció importarle: el destino del estaba resuelto hacía mucho.

Una goleada fácil que sirve para reenchufar a la afición en lo que se viene: ganar y rezar.

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