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¿Quién no lo hace?

Actualizado el 08 de enero de 2015 a las 12:00 am

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José David Guevara

Lo confieso: soy uno de esos aficionados al fútbol que se sirven un café en la oficina y se acercan luego a un grupo de compañeros con la sola intención de “picarlos” con comentarios, chistes o bromas —eso sí, respetuosas— de sus equipos.

Y si varios “muerden el anzuelo”, lo disfruto y celebro… ¡bola al centro!

No tengo por qué negarlo: formo parte de los fiebres que se deleitan molestando y agotándole la paciencia a los familiares que apoyan a otros clubes, sean del campeonato nacional o de ligas extranjeras, como la española. Para ello me aprovecho de una reunión para festejar cumpleaños, recibir el Año Nuevo o de una llamada telefónica en apariencia inocente y bien intencionada.

Y si un primo o una tía se “chiman”, en el rostro se me dibuja una sonrisa de oreja a oreja… ¡uno a cero!

Soy sincero: me cuento entre los fanáticos que recortan las crónicas deportivas publicadas en los periódicos de los lunes y las deslizan por debajo de las puertas de las casas de los vecinos a cuyos equipos no les fue bien durante la jornada deportiva del fin de semana o del miércoles por la noche.

Y si a alguno de ellos se le “levanta roncha”, aplaudo en silencio... ¡gol olímpico!

Lo admito sin sonrojo: engroso las filas de hinchas que se deleitan mortificando a los rivales derrotados obsequiándoles frutas, verduras o tubérculos alusivos a los clubes que derrotaron a sus escuadras (una broma de la que he sido blanco en muchas oportunidades). Y si al menos a uno de ellos le “arde”, me doy por satisfecho... ¡excelente jugada de pared!

¿Por qué voy a ocultarlo? Soy uno de tantos cibernautas que los domingos en que no asisten a los estadios sí se conectan a las redes sociales (la gradería popular de Internet), en especial Facebook, y se dan cuatro gustos vacilando a la afición contraria con mensajes cifrados, chotas en clave e insinuaciones disfrazadas de candidez.

Y si algún vecino de ese espacio se da por aludido, festejo la victoria... ¡eeeooooooooo! ¡eeeooooooooooo!

También soy de los que hacen esto: triunfa mi equipo y salgo a la calle con jacket y gorra (ocasionalmente hasta con bandera) con los colores de mi club para celebrar con los de “casa” y echarle sal en la herida a los seguidores del once vencido. Y si alguien en la calle se “enchila”, sonrío discretamente... ¡se fue en la finta!

Este hábito no puede quedar por fuera (uno de mis predilectos cuando es mi escuadra la vencida): asumir el típico comportamiento panzista de quien no se siente perdedor porque tiene buenas razones para apoyar también al conjunto ganador.

Y si algún aficionado a ese otro club “brinca”, imposible no sentirme feliz... ¡entran de cambio el humor y el oportunismo!

¿Qué aficionado al futbol no hace estas cosas?

El que esté libre de pecado que arroje la primera bola.

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