Deportes

Jacques Sagot: ¡Larga vida al error!

Actualizado el 05 de enero de 2015 a las 12:00 am

Deportes

Jacques Sagot: ¡Larga vida al error!

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

¿Qué queremos, amigos? ¿Un fútbol aséptico, esterilizado como un quirófano? El deporte es –como cualquier actividad humana, y de manera menos grave que muchas– un espacio para la falibilidad. Se equivocan los jugadores al ejecutar un penal, los porteros a quienes se les escurre el balón entre las piernas, los técnicos, los directivos, los locutores, los periodistas, los hinchas y los arquitectos que diseñan los estadios.

¿Por qué habríamos de exigirles infalibilidad a los árbitros? ¡El error es constitutivo del fútbol! ¡Aun más, es un hecho del que conviene aprender a disfrutar!

Claro que Maradona metió su gol con la mano y Robben coreografió su penal con melodramatismo digno de Margot Fonteyn en La muerte del cisne … ¡Imagínense ustedes de cuánta deliciosa polémica, discursividad, exquisita indignación, deleitoso sentimiento de injusticia y furia reivindicativa nos hubiera privado la enmienda de ambos gazapos! ¡Cónclaves, debates, mesas redondas, programas deportivos habrían sido cancelados! ¿Es eso lo que queremos?

Ahora le imponen a los árbitros “ojos de halcón”, cámaras y dispositivos que se desearía James Bond para la más arriscada de sus aventuras. ¡Por favor, señores: déjenlos errar! ¿No se han puesto ustedes a considerar que sin errores el fútbol sería inconcebible?

Reflexionemos: no hay gol que no tenga su origen –cercano o lejano– en un error: alguien, en algún momento y sector del terreno, pierde un balón, y en ese instante comienza a gestarse la secuencia de acciones que un segundo –o una hora– después, se traduce en gol. Sin errores –la entelequia de la perfección, lo prístino e inmaculado– no habría goles.

La perfección es fría, inhumana e inhóspita. Yo contemplo arrobado la Catedral de Notre Dame, modelo de equilibrio y simetría góticos… ¡pero les aseguro que no viviría en sus torres, aun cuando mi similitud con Quasimodo y mi gusto endémico por las bellas gitanas pudiese sugerirlo!

Si quieren exigirles infalibilidad a los árbitros y cercarlos de tecnología panóptica, el ojo implacable de Dios que atisba y desnuda, entonces exíjanle también infalibilidad a todos los personajes que animan la gran comedia del fútbol, de Blatter al vendedor de maní. ¿No quieren errores? ¡Entonces tampoco pidan goles!

  • Comparta este artículo
Deportes

Jacques Sagot: ¡Larga vida al error!

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota