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La crisis desde dentro

Escasez en el bolsillo, mas no en el corazón

Actualizado el 03 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Cuatro jugadores florenses sufrieron desalojos en los últimos dos meses

En Utah, al equipo le dieron comida rápida y se entrenó en un parque de indigentes

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Escasez en el bolsillo, mas no en el corazón

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                         Pablo Salazar aseguró ayer que tanto él como su esposa hacen todo lo posible para que Valentina (izquierda) y María Paula, hijas de ambos, siempre tengan lo básico en la casa para llevar una vida apropiada. | MAYELA LÓPEZ
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Pablo Salazar aseguró ayer que tanto él como su esposa hacen todo lo posible para que Valentina (izquierda) y María Paula, hijas de ambos, siempre tengan lo básico en la casa para llevar una vida apropiada. | MAYELA LÓPEZ

Santa Bárbara, Heredia. Desalojos, entrenarse sin luz ni agua y no tener plata para comprar comida, son parte de las adversidades que enfrenta el camerino herediano, pero que no apagan en los futbolistas la ilusión por jugar.

Aunque ahora los focos se dirigen hacia un estadounidense que podría atraer dinero al necesitado Team , lo cierto es que dentro los jugadores hacen más de un dribling y finta contra la escasez.

Dicho por Pablo Salazar, capitán rojiamarillo, no hay un solo día en que un compañero con un nuevo problema para resolver.

“Ayer (jueves) después del entrenamiento fuimos al camerino y no había ni luz ni agua; cada uno tuvo que irse a bañar a su casa”, expresó Salazar ayer en su casa.

Es un obstáculo minúsculo para los miembros de una planilla que en los últimos dos meses enfrentó cuatro desalojos por alquiler.

“La verdad, como a cuatro compañeros los han desalojado de sus casas de alquiler porque no tienen con qué pagar, son muchos meses atrasados. Hay muchos compañeros que no tienen el diario, las cosas básicas”, indicó Salazar.

El último desalojo fue hace 22 días, y, en este caso, al futbolista lo dejaron sin nada, pues cuando había negociado el contrato con la administración del Herediano, la casa y los muebles iban incluidos.

“Él (de quien Salazar se reservó el nombre) había arreglado con Heredia el alquiler de la casa, así que cuando lo sacan no tiene nada, ni cocina ni nada; algunos conseguimos cocina, lavadora, una señora ayudó a amueblar y otro aficionado le prestó una casa, que es donde vive sin costo alguno”, añadió.

Crisis en Utah. La precariedad se palpó también en el viaje que hizo el equipo a Utah, el mes pasado, para jugar con Real Salt Lake por el pase a cuartos de la Concacaf.

“De acá a Dallas nos fuimos juntos, pero luego en Utah nos dividimos en dos y yo salí en el segundo grupo. Después de ocho horas de esperar en Dallas llegamos a Utah y no había cena, ahí empezó”.

“El primer día el desayuno estuvo bien porque era del hotel, pero en el almuerzo nos dieron comida rápida (burritos y tacos), no tuvimos hidratante y nos llevaron a entrenar a un parque de indigentes”, comentó el recio defensor.

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Salazar recuerda que hasta el tercer día les dieron hidratante, y que no tenían ropa para el frío, que bajó de seis hasta tres grados.

“En el partido, por más que queríamos, nos costaba movernos, la camisa era de manga larga, pero de tela normal; abajo llevábamos una camisa térmica que no ayudó mucho y los guantes eran de tela normal, así que cuando uno se apoyaba en el piso se mojaban más y uno sentía mucho más frío”, explicó.

De regreso, en Dallas, nadie de la plantilla había almorzado, y, cuando Salazar fue a pedir al delegado (no dijo el nombre) que comprara, la respuesta fue: no hay plata.

Entre todos compraron comida y dos se encargaron de pagar los $500 por el extraequipaje que generó la utilería del equipo –monto que debía cubrir la administración–.

Historias como estas son las que todos los días surgen dentro del Rosabal Cordero, donde los futbolistas, henchidos en amor propio, se nieguen a dejar caer una institución a la que, según Pablo Salazar, van sacando a puro corazón.

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