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Errores: el picante de un partidazo

Actualizado el 23 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

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Errores: el picante de un partidazo

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Para cuando Alexánder Robinson dejó frío a Donny Grant (y a todo el saprissismo) con su autogol, la lectura del juego solo presagiaba una cosa: la inminente sentencia morada con un cuarto y (quizás) lapidario gol.

Ese fue el más grande error de un duelo que se desarrolló así, a golpe de yerro y respuesta, de acierto y desazón...

Porque aunque suene paradójico, fueron esos fallos los que le dieron el condimento adicional a un choque que terminó por dejarle al país uno de los clásicos más trepidantes de los últimos años.

Que Rónald González arriesgó de más con el cambio de sistema, o que la Liga fuera incapaz de defender su 0-2, fueron solo parte de esa lista que hoy pocos lamentan, porque fue tal la emoción que no hay espacio para quejas.

 El gesto de Alexánder Robinson lo dice todo: su autogol le devolvió la vida a la Liga en un duelo condimentado por los errores.  |  ALONSO TENORIO
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El gesto de Alexánder Robinson lo dice todo: su autogol le devolvió la vida a la Liga en un duelo condimentado por los errores. | ALONSO TENORIO

Radiografía del desacierto. El cambio a línea de tres fue el primer error de la tarde: desconcertó a Saprissa de entrada, le quebró el libreto de lo que conoce y acompañó al vendaval que llevó a la Liga hasta el 0-2.

Michael Barquero nunca anticipó la llegada de Kevin Sancho para el 0-1 y nadie estuvo para impedir el remate, y contrarremate, de Kenneth García, solo para iniciar el festejo del dos a cero.

Más tarde tampoco apareció la figura eriza que tenía que esperar el segundo balón frente al área, ni hubo un alma en todo el Estadio Nacional que pudiera presagiar una remontada en cinco minutos.

Luego llegó el infortunio de Robinson y con él el gol que levantó a la Liga de la lona y le subió los puños: quedaba muchísimo clásico.

Con el 3-3 la Liga se dio cuenta que no había nada perdido y Saprissa que nada estaba ganado, el duelo se encendió aun con la sombra de la cautela pero faltaban dos goles; y por lo tanto, según el designio del choque, dos errores.

Yeltsin Tejeda regaló la salida y Alejandro Alpízar, vestido una vez más con sus galas de verdugo, heló la sangre de un equipo que merecía perder tan poco como ese rival que ahora acariciaba el triunfo.

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“Era una bola que tenía que dar segura y no lo hice, íbamos perdiendo y faltaban dos minutos..., pero en Saprissa hay que tener personalidad y así fue, los compañeros me levantaron, nos fuimos al frente y apareció Diego; el resto, ya lo vieron”, aseguró Tejeda.

Ese “resto” empezó con Porfirio López, un baluarte en la zaga eriza ayer pero que falló en el despeje y le dejó la puerta abierta a Diego Estrada para la paridad al 90’.

Así se cerró uno de los mejores clásicos en la historia reciente, con errores como el golpe de timón que cambió los caminos de lo que en verdad fue un partidazo.

Errores los hubo todos, pero como bien lo dijo Rónald González: todo eso también es fútbol.

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