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Delgado es la pausa en el desenfreno brumoso

Actualizado el 18 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Delgado es la pausa en el desenfreno brumoso

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                 | CARLOS GONZÁLEZ
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| CARLOS GONZÁLEZ

Cartago. En estos días Cartago ha sido algarabía y emoción. Pero ninguna de esas expresiones se ha visto reflejada en el rostro del técnico Javier Delgado, cabeza pensante y al mando de encaminar al Cartaginés a un título.

De talante tranquilo, ecuánime en sus ideas y en su forma de ser, Delgado refleja su madurez en el cuidado de sus palabras.

Los años lo han hecho maduro. Iván Mraz le forjó la disciplina, Badú Vieira la parte humana, Guilherme Farinha la espiritual y Jorge Luis Pinto lo completó con la táctica; eso explica lo íntegro que es en el banquillo.

“Me gusta y defiendo a la persona que trabaja. No me gusta el vagabundo o el agrandado”, lo deja claro al autodefinirse.

Con 44 años y la mayoría de ellos vividos entre el arco y el césped de los estadios, el Javier Delgado de hoy es un gran líder. Bien puede darle un consejo de vida a los más viejos y también podría moldear el carácter de los jóvenes.

“En la vida no hay que irse a los extremos. Cuando hay que llamar la atención se llama o cuando hay que reconocer algo y dar un consejo. Los jugadores entienden que si yo transmito respeto, ellos darán respeto también”, explica.

De aquel férreo defensor líder de la zaga manuda, hoy solamente quedan las vivencias, pues admite que el cambio ha sido drástico.

“Antes era muy impetuoso. Creía que podía comerme al mundo yo solo y hay una diferencia muy grande entre ser técnico y jugador. Lo que uno vivió, ganó y perdió lo hace madurar mucho a uno”, explica pausadamente.

Afirma que las pasantías en clubes importantes como el Real Madrid, Barcelona, Pachuca y Necaxa y las carreras de contaduría y periodismo ayudan a moldear a un profesional del futbol pero, sin duda, es en cada uno de los jugadores de los que más se aprende.

Familiar. Ir a trabajar a Guatemala por dos años le dio la oportunidad económica que él y su familia estuvieron esperando; no obstante, al hombre apegado a los suyos le llegó la prueba más grande: desprenderse de su esposa y sus tres hijos.

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“Ese tiempo que estuve sin mi familia y el ajetreo diario me hizo acercarme a la parte espiritual.

“Como anécdota, (el exfutbolista) Carlos Mario Hidalgo y su señora me regalaron una Biblia en 1991 y ni siquiera la abrí. Me la llevé a Guatemala y en la calma me la leí toda y eso me hizo entender muchas cosas de la vida”, indicó.

Precisamente, el próximo 25 de mayo –día de la final– Javier y su esposa cumplirán 22 de años de casados y de él depende celebrarlo con una histórica copa en la mesa.

Sin asombrarse por la algarabía, Javier Delgado funge como el ancla brumosa que mantiene al equipo con los pies en la tierra.

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