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Clásico provincial con final abierta

Actualizado el 17 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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Clásico provincial con final abierta - 1
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Clásico provincial con final abierta - 1

Rojiamarillos y rojinegros ratificaron anoche por qué son el clásico provincial por excelencia.

Desde 1921 son rivales acérrimos, una lucha que se ha acrecentado en las últimas finales del futbol de la Primera División.

Ayer no fue la excepción. Si bien el choque careció de lucidez en lo que se refiere al juego de toque y precisión, heredianos y alajuelenses se trenzaron en una disputa que pone a los erizos con la ventaja parcial, al ganar el primero de los dos juegos.

Decir que la final está abierta, es hablar de fuerzas sumamente parejas, de verdadero equilibrio en las facultades de los equipos.

Si Alajuelense fue mejor desde la perspectiva estratégica, Herediano evidenció, una vez más, que no se da por vencido jamás.

Simple y sencillamente, los hombres de Claudio Miguel Jara pelean de principio a fin, ponen el alma en cada acción y ese ímpetu también los hace caer en la precipitación, como ocurrió con Esteban Granados, quien cedió torpemente a la provocación del rival.

Las fortalezas de Liga Deportiva Alajuelense se comienzan a edificar en el banquillo.

Óscar Ramírez demostró de nuevo que sabe leer los partidos. Que conoce las fortalezas de sus pupilos y que, a la vez, sabe machacar en las debilidades de su rival.

La aparición de Jorge Davis en la alineación titular fue sorpresiva para todos, menos para el Macho.

Davis fue un verdadero “as debajo de la manga”. No solo rindió cabalmente, de acuerdo con las líneas que le dictó el libreto, sino que supo sumar en el instante oportuno y anotar para la Liga cuando su elenco más lo necesitaba.

El estilo de Claudio Miguel Jara es diferente al de Ramírez. Sin embargo, hay que reconocerle al “emergente” del banquillo herediano, que sabe armar la nómina estelar con absoluto apego a su forma de ver y jugar el futbol.

Jara es devoto del juego ofensivo. No podía ser de otra manera si recordamos sus viejas andanzas con pantaloneta y tacos, cuando metía miedo a los defensas rivales con su pique, su capacidad para enrumbarse en línea de gol y, sobre todo, con su entrega total.

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