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Carmelita dio triple lección de táctica fija al monarca

Actualizado el 04 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Carmelita dio triple lección de táctica fija al monarca

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Alajuela. Con una propuesta que privilegió el valor de la táctica fija y el control de la pelota, Carmelita sorprendió ayer a Alajuelense y sumió al monarca en una crisis tan severa como repentina.

La sorpresa radicó en la dimensión de cada insignia. Por un lado, el humilde retador; por el otro, el flamante campeón.

Porque en la cancha, el 3 a 1 no fue más que el dictado inapelable de un libreto que salió ganador contra la teoría del desconcierto.

Orlando de León, un viejo zorro con ojo de tigre y sangre charrúa, superó con claridad a Luis Roberto Sibaja, hasta ayer, su colega del banquillo erizo.

El planteamiento verdolaga tuvo que ver con el manejo de los hilos desde el mediocampo. Ahí donde destacó Berny Solórzano, su tocador y artífice.

Pero, además, el equipo de don Orlando barajó una y otra vez las lecciones aprendidas de la táctica fija, en la que el zaguero Eduardo Gómez emergió de a tres como el lúcido intérprete de la pizarra.

No en vano, sus certeras intervenciones en los minutos 32, 41 y 49, culminaron con la pelota enredada en los cordeles de Alfonso Quesada, guardameta y víctima.

Ayer, al arquero erizo le tocó pagar el precio de meses enteros en el dique seco, dedicado solo a abrazarse con el estelar Patrick Pemberton en jornadas de gloria. Alfonso, ¡humildad y nobleza!

Volvamos a Carmelita. Además de Berny Solórzano y de Eduardo Gómez, Carmelita, que ofició de local en campo ajeno, contó con la buena actuación de Marco Madrigal, un arquero que crece entre sus matices de prueba y error.

También Carmelita contó para ganar con la visión de juego de Esteban Armijo, fuerte en la marca, diáfano en la salida; con el quehacer palpitante de Ignacio Quesada, con la movilidad de Adrián Marrero y, en general, con la fluidez colectiva que, al parecer, comienza a traducir en las redes el buen toque de balón que se le reconoce a Carmelita, paradójicamente, el inquilino del drama y los bajos fondos.

Oviedo, carta tardía. La nómina rojinegra apareció en escena con dos hombres de contención (Davis y López), con Allen Guevara y Álvaro Sánchez de costado a costado y una línea ofensiva en la que Alejandro Alpízar figuraba de náufrago, a pesar de su innegable afán.

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La razón de la orfandad de Alpízar se explicaba en la ausencia de un constructor, pues Álvaro Sánchez, un hombre tocador, se veía relegado en la punta izquierda, a la usanza antigua y obsoleta.

Hasta que ingresó Cristian Oviedo, en el 46’, la Liga comenzó a tocar y a maquillar con un gol (Alonso, al 65’), la humillante derrota que decapitó al segundo técnico en lo que va del certamen.

Tres a uno. ¿Sorpresivo? ¡Sí! Pero inapelable. Porque Carmelita fue el mejor. De principio a fin.

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