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El camerino de Alajuelense fue de caras largas y silencio

Actualizado el 21 de diciembre de 2015 a las 12:11 am

No hubo música mientras las duchas estaban abiertas, como ha sido costumbre en ocasiones mejores.

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Los jugadores manudos no ocultaron su desazón por el marcador en contra en la ida de la final que define al mejor del Invierno (Mayela López)

En el camerino Alajuelense reinaban el silencio y las caras largas marchitadas por la desazón de una derrota que complica la obsesión de alcanzar el título 30, el mismo que se niega desde hace año y seis meses.

Los jugadores rojinegros entraron a la zona mixta a paso rápido, casi corriendo, ignorando el llamado de la prensa para tener declaraciones, quizás porque la calentura del juego reventaba el termómetro.

Una vez cerrada la puerta del camerino, no hubo palabras. Solo se escuchó el tradicional grito de guerra: ¡¿Cuál equipo es el mejor? ¿Liga, Liga, sí señor! Tímido, sin la intensidad que tiene cuando el marcador es otro.

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No hubo música mientras las duchas estaban abiertas, como ha sido costumbre en ocasiones mejores.

Patrick Pemberton, Jonathan McDonald y Porfirio López no pusieron a sonar sus parlantes, como por lo general sucede con las piezas de reguetón del momento.

Las declaraciones manudas llegaron al final, ante la premura por subir al autobús que los llevó hacia Alajuela, a un Morera Soto que ahora tiene tintes de salvador, animado por una afición que ya agotó los 16.000 asientos disponibles.

El arquero Alfonso Quesada fue el primero en poner su cara frente a las cámaras, subrayando que solo se había jugado la primera parte de una final.

Otros jugadores, como Rónald Matarrita, se ocultaban tras la puerta que solo se abría para permitir el ingreso de los jugadores a la cena.

El operativo de seguridad atrasó la salida manuda. La barra del rival se instaló en la puerta por donde Alajuelense abandonaría el Ricardo Saprissa. La Fuerza Pública limpió la salida y los jugadores lograron agilizar su paso.

Los líderes erizos atendieron, el capitán Johnny Acosta, su compañero de zaga Kenner Gutiérrez, el bastión en la portería Patrick Pemberton y el catracho Carlos Discua.

Sin embargo, Pablo Gabas y Jonathan McDonald ignoraron el llamado.

Las caras de los jugadores no reflejaron el discurso con el que salieron a los micrófonos. Un verbo amparado en que no todo está perdido y en la fortaleza que puede significar una Catedral abarrotada.

Carlos Chamberlain, integrante de la Comisión Técnica manuda, señaló que el equipo y la dirigencia salieron "golpeados en lo anímico, tras un juego que transcurrió como pocos lo esperaban".

En el camerino liguista no hubo música como cuando ganaron el primer clásico del Invierno. Reinó el silencio, que se evidenció en cada rostro.

Los jugadores rojinegros entraron a la zona mixta a paso seguido, casi corriendo. Ignorando el llamado de la prensa para para tener declaraciones aún cuando la calentura del juego reventaba el termómetro.

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