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El verbo como zancadilla

Actualizado el 23 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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Se entienden las zancadillas en la cancha, las “pedradas” en lugar de balones al pie, los disparos equivocados, los autogoles y alguna que otra discusión. Por el calor del juego, la disputa, el ardor, las rivalidades. Pero afuera no, y los últimos días estuvieron llenos de esos desencuentros futbolísticos.

Caso Jeaustin: cuando declaró que tenía un plantel “corto” me imagino que en el vestidor hubo terremoto. Aunque fuese verdad, el extécnico se compró todos los números de la lotería. Pero la directiva no le dio tiempo de probar el hielo de los jugadores. Lo despidió mientras estaba en Trinidad y Tobago, anunciando “un mutuo acuerdo para dejar el banquillo y la gerencia”. Los dirigentes morados le dieron un nuevo significado a “mutuo acuerdo”. Pie en casa, Campos reclamó falta de elegancia y recordó que tenía contrato como gerente hasta el 2017. ¿Demanda a la vista?

La derrota herediana en Concacaf ante Isidro Metapán generó otra “floritura”. Odir Jacques dijo que afrontar tres torneos es una carga dura de sobrellevar. Lo declaró con el agua al cuello, obligado a ir por la victoria a México. ¿Otra forma de decir que su equipo es corto?

Las ondas sísmicas fueron y vinieron por las casas futboleras, castigadas por el dios del balompié. El presidente de Pérez Zeledón generó otro sismo cuando despidió al técnico colombiano Juan Eugenio Jiménez, pero al mismo tiempo alabó su trabajo y culpó a los jugadores por “hacerle la cama”.

Ningún futbolista salió a desmentir un cargo tan serio. El dirigente reconoció haber destituido a un buen entrenador y, como si nada, conservó en el equipo a los que –según él– le movieron la tabla. Y la refriega terminó en Alajuela, donde Hernán Torres –sin vela en el entierro, y tan solo por ser paisano de Jiménez– se negó a saludar a varios de los jugadores del Pérez. “Por ladrones y faltos de honestidad”, según los “pezeteños”, aunque el entrenador suavizó ante la prensa el contenido de los reproches.

Todo pudo haberse evitado. Con solo que Jeaustin y Odir se mordieran la lengua. Si Juan Carlos Rojas hubiese esperado la llegada de Campos para maquillar su salida. Si el presidente de PZ hubiese respaldado su técnico. Con solo que Torres hubiese extendido la mano, sin meterse en un velorio ajeno.

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