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De trofeos y descortesías

Actualizado el 27 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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De trofeos y descortesías

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Finalmente la Unafut entró en razón y decidió organizar algo bien bonito para entregarle a Liga Deportiva Alajuelense el trofeo por el subcampeonato del Verano pasado, después de que le sacaron a la Liga la bicoca de millón y medio de colones de multa solo porque los emisarios, en aquella noche de la final en Heredia, aseguraron que las condiciones estaban dadas para que los erizos salieran a recibir su trofeo, pese a que, en realidad, no lo estaban.

Ante esto, me ha dado por elucubrar en qué sitio de su casa colocará Jeaustin Campos el cuadro que le dieron en el Saprissa, por un centenar de victorias como director técnico, si a los tres días, en su ausencia, le aplicaron la guadaña de un solo leñazo.

Quizás usted opine que no hay relación entre una cosa y la otra. Pero, piénselo y verá que sí. Ambas situaciones tienen que ver con el verdadero significado de trofeos y reconocimientos en nuestro medio, donde los galardones se entregan a los individuos o a los equipos… ¡Y ya estuvo!

Falta glamour en las ceremonias. Uno percibe que muchos de esos actos se planean mal o, peor aún, se hacen apresuradamente. Sin embargo, nobleza obliga. Los de la Unafut remendarán su omisión y departirán con los directivos y jugadores alajuelenses en una cena que, suponemos, tendrá un exquisito menú (con postre y todo).

En ese contexto, vale sugerir, sincera y respetuosamente, a los señores del Horizonte Morado que convenzan a Jeaustin Campos y a José Giacone para que ambos acepten una invitación a cenar, y paliar así la forma indecorosa como los sacaron del club, nada más y nada menos que al estratega más exitoso de la entidad –baluarte morado desde su niñez–, y a un profesional de carta cabal como José Giacone, humilde, callado y trabajador.

Los dirigentes de la organización en San Juan del Murciélago podrían emular a la Unafut. Porque el hecho de que en nuestro medio, generalmente, a los entrenadores se les hace salir por la puerta de atrás, no justifica que lo que se hizo con sana intención, es decir, ese cuadro grandote que le obsequiaron a Campos, se le haya convertido, de pronto, en un objeto tan incómodo como meter un paquidermo en una cochera.

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