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Escala en Madrid

Actualizado el 14 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Hace dos semanas, un niño costarricense llamado Gabriel hacía escala en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, con destino a Barcelona, en su afán de cumplir un sueño: conocer personalmente a Lionel Messi, su ídolo en el fútbol mundial.

Según consignaron las informaciones periodísticas, los detalles habían sido debidamente coordinados por la Oficina de Atención Especializada del Club Barcelona, para que Gabriel tuviera acceso a las instalaciones azulgranas y, principalmente, pudiera saludar al astro argentino, departir con él y con los compañeros de Messi.

Sin embargo, mientras Gabriel y sus padres esperaban el transbordo aéreo, el niño cedió ante la enfermedad terminal que le aquejaba. Ocurrió que el domingo 1°. de febrero, desde el aeropuerto de Madrid, nuestro pequeño compatriota alzó el vuelo a la eternidad, un drama que trascendió moderadamente en los medios de comunicación colectiva, por respeto al dolor, de por sí inenarrable, de sus progenitores.

En la era del ciber-espacio, el llamado planeta fútbol es cada vez más cercano, casi inmediato. En consecuencia, las noticias y toda clase de informaciones sobre las ligas internacionales y sus protagonistas nos llegan al instante. Por eso, supimos de Gabriel.

No lo conocimos personalmente; tampoco conocemos a Messi. Sin embargo, nos sentimos profundamente identificados con la ilusión que alimentaba este chico y, de algún modo, agradecidos con el famoso futbolista, quien había aceptado compartir, quizás unos minutos, tal vez por una o dos horas, con el ángel soñador.

Esta noticia también envía un mensaje a las figuras consagradas del deporte nacional y mundial, en el sentido de que sus actuaciones son seguidas, no solo por la prensa, sino también --y esto es lo más importante--, por millones de almas blancas que ven en ellos espejos de realización.

Gabriel murió en el aeropuerto de Barajas. Entre tanto, el fútbol sigue su marcha. Quizás, alguna noche en la que el galardonado en cuatro ocasiones con el Balón de Oro drible a placer a sus adversarios y sacuda los cordeles de la meta rival, al sentir en su espíritu el tributo abrumador de la multitudinaria afición culé, Messi optará por levantar su mirada al cielo, distinguirá un punto de luz en el firmamento… Y surgirá entre ambos un guiño de complicidad.

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