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Los dos rostros de nuestro fútbol

Actualizado el 13 de abril de 2015 a las 12:17 pm

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El esfuerzo depende de nosotros. Los resultados, no. Veinte horas de práctica diaria no garantizan un buen concierto. Nuestros equipos se prepararon para la Concachampions, y fracasaron.

Claro que hay derrotas, y hay DERROTAS. Para el salón de la infamia, Saprissa, eliminado en cuartos, por 5-0. Indigno y deshonroso. Heredia fue un díptico, obra teatral en 2 actos: el primero una gloriosa epopeya, el segundo una tragicomedia. Reconozcamos, siquiera, que nos regalaron uno de los más bellos partidos que equipo nacional haya jamás propuesto contra cuadro extranjero. Marcador global de 6-3. Finalmente, la Liga. Cometió el error de no estudiar a un rival que tenía mucho más oficio de lo que supuso, pero cayó dignamente, con un partidazo 4-2 en el que, con 3 minutos más, habría sin duda anotado el quinto. Sin embargo, la caída de la Liga es doblemente dolorosa, toda vez que Ramírez hizo de la Concachampions su prioridad.

Nuestros equipos carecen de capacidad para jugar dos torneos simultáneos. El Real Madrid puede prodigarse en la Liga, la Copa y la Champions al mismo tiempo. Nuestros guerreros se ahogan con más que el campeonatito local.

Costa Rica tiene dos futboles. El “de exportación”, de “tarjeta postal” (Ruiz, Campbell, Borges, Díaz, Navas), /y el de “consumo interno”, el “doméstico”. A Brasil llevamos nuestro fútbol “de exportación”. A la Concachampions, el de “consumo interno”. Nuestro misérrimo futbolín dominical: AS Puma contra Limón, en el Juan Gobán, con una gradería llena de cucarachas y un valle lunar a guisa de cancha.

Triste decirlo: nuestro éxito en Brasil fue, en lo sustantivo, un triunfo del fútbol europeo. O por ponerlo de otra manera, de los jugadores ticos, únicamente en tanto juegan en Europa, con diferentes niveles de exigencia, regímenes disciplinarios más demandantes, mejores recursos, y rivales infinitamente superiores. Lo que llevamos a la Concachampios fue nuestro fútbol local. Ese sí es pura, quintaesencialmente tico. Cierto: también Brasil y Argentina juegan mejor con sus legionarios que con su planilla “doméstica”, pero aún sin Neymar y Messi son capaces de proponer un futbol temible. No es nuestro caso. Nos han dejado en pelotas, y la desnudez siempre es perturbadora, bochornosa.

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