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¿Qué pesa más: el cerebro, las piernas o ser sede?

Actualizado el 07 de julio de 2015 a las 12:00 am

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De 1963 a 1971, el torneo inter-selecciones de Concacaf se llamaba Norceca (Norte, Centroamérica y el Caribe). Prevalecía la democracia deportiva, la igualdad de oportunidades para todos y, por ende, se disputaba en sedes diversas, al estilo de la Euro y Copa América.

México solo obtuvo dos de los cinco certámenes disputados (Guatemala 1965, Trinidad y Tobago 1971), al igual que Costa Rica (El Salvador 1963 y de local en 1969). Guatemala ganó en Honduras 1967 -¿ya jugaba “El Pescadito” Ruiz?- y Estados Unidos no había salido del cascarón del amateurismo.

Luego vino la extraña modalidad de revolver la fase final de las eliminatorias mundialistas con el título regional. De 1973 a 1981 ganaron los anfitriones de la última ronda, que se efectuaba en una sola sede (Haití, México y Honduras). Posteriormente, en formato todos contra todos a visita recíproca, Canadá ganó la triangular hacia México 86 y Costa Rica la pentagonal rumbo a Italia 90.

En síntesis, en sedes alternas el recuento finalizó con dominio de ticos y aztecas (30% de efectividad), seguidos de Canadá, Honduras, Haití y Guatemala (10%).

México no era tan gallito con los estadios en contra, pero se disparó desde 1991, cuando la democracia deportiva cedió su lugar a la tiranía del dólar. Desde ese año, el título del área se llama Copa Oro y se efectúa exclusivamente en Norteamérica, por razones económicas. Solo allá son rentables partidos que en otras latitudes no llevarían ni cuatro gatos a los estadios. ¿O alguien se imagina al Ricardo Saprissa a reventar en un Guatemala vs. Cuba de primera ronda?

Así, desde el 91 solo ganan norteamericanos, con las gradas atestadas a favor de mexicanos y gringos. Domina México con seis lauros (un 50% de las áureas copas) contra cinco de Estados Unidos -ya profesionalizado-. Para confirmar la tesis, el bipartidismo lo rompió otro vecino del Norte, Canadá, en 2000.

Pero siempre hay excepciones, equipos que estallan las bolas de cristal. ¿Costa Rica? Cuenta a su favor con la base de jugadores que hizo historia en Brasil 2014. ¿Honduras? Tiene al cerebro de aquella mítica tricolor, Jorge Luis Pinto. Esta es una nueva oportunidad para medir qué pesa más: los futbolistas, el DT o ser sede.

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