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La pelota nos trae a Madrid

Actualizado el 11 de mayo de 2016 a las 08:40 am

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De nuevo un grupo de abogados cruzamos el charco y llegamos a Europa con el fútbol como pretexto. Venimos a La Manga, en España, para jugar un mundial en el que participan colegas de todo el planeta. Una bendición para quienes amamos este deporte y tenemos la fortuna de emprender estas quijotadas en la tierra del soñador Hidalgo de la Mancha.

Justo aquí empezó todo, con Ana Belén invitándonos a ingresar al Viejo Mundo por su puerta de Alcalá. Fue en el 2008 cuando la pelota nos trajo por primera vez a Europa, nos llevó a Alicante, nos permitió oler el pasto de estos lares, saborear los goles y las tapas con el mismo gusto, enamorarnos de cada rincón del continente y mantener el romance de siempre con el esférico.

Salimos subcampeones y volvimos a casa con la promesa de revancha en la valija. En el 2010, el avión nos llevó hasta Turquía, y en un paraíso llamado Antalya bebimos la copa de la victoria. Nunca olvidaremos aquella final contra México, con los himnos de cada país como preludio de una tarde de gloria. El 4 a 0 nos graduó de mejengueros y nos tatuó una estrella invisible, cuyo valor solo puede entenderlo quien ha corrido alguna vez detrás de una pelota.

Croacia y Hungría fueron las siguientes citas. De nuevo, los sacos y corbatas dejaron escapar al futbolista que reclama justicia del árbitro, busca sentencia con la pelota en sus pies y como única paga cuenta los abrazos del festejo, cuando el pitazo final le concede la gloria.

No nos fue tan bien, pero igual disfrutamos de cada jornada, del esplendor de la República Checa, de los atardeceres a la orilla del Sena, de las góndolas en una Venecia encantada, del verdor austríaco, de los castillos, monasterios y esa monumental historia que se asoma en cada esquina de una Europa que nos reconquista siglos después, bajo la seducción de su pasado y su apuesta por el futuro.

Volvemos ahora a Madrid. Pero hay algo diferente en el aroma de esta ciudad que siempre huele a fútbol. Esta vez, la capital española tiene un aire a Tiquicia, porque un tal Keylor Navas, nacido en Pérez Zeledón, es una celebridad más en esta galaxia blanca.

Nos tocará buscar nuevas glorias vestidos de futbolistas. Y nos tocará vivir en el corazón de Madrid esa noche mágica en la que los dos grandes equipos de la capital se disputen La Orejona, con un tico como estrella real.

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