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¿Qué les pasa, heredianos?

Actualizado el 23 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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¿Qué les pasa, heredianos?

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Esta no es una opinión. Es un testimonio. En lo que tengo de ver fútbol jamás había presenciado una falta tan canalla, tan brutal y potencialmente homicida como la que le comete Goltz a Lagos, en el festival herediano contra el América. Cristhian yace tendido, víctima de una entrada bestial de Arroyo. Sin disputa de balón, Goltz lo remata con una coz de jumento rabioso. El impacto lo deja errando por el terreno de juego, desorientado, dentro de una nubosa, delirante pesadilla.

De nuevo: la falta es potencialmente homicida. Con bastante menos que eso pudo haber matado a la víctima. Lagos debió haber abandonado el terreno: el cuerpo médico no tomó la decisión correcta. Su voluntad de seguir jugando revela, precisamente, que estaba sumido en un estado alterado de la conciencia, y que seguía luchando desde el fondo del instinto, pues para eso están programados los gladiadores. Pero la verdad de las cosas es que Heredia erró -y de manera muy grave- al dejarlo jugar el resto del partido.

Como está errando, en la esfera directiva, al no hacer sonar las sirenas de alarma, al no mostrar este horror al mundo entero, al no elevar una protesta formal ante las autoridades pertinentes, al no darle a este cuasi-asesinato el relieve mediático que merece, y exigir las sanciones procedentes. Goltz debe ser severamente castigado. El mordisco de Suárez es un poema de Becquer, comparado con esta patada al cráneo de un jugador caído. Está fallando Heredia, de cara a la revancha en el Azteca, al no demandar más protección, divulgar la jugada por todos los medios imaginables, exigir que Goltz sea omitido de la alineación y subrayar la necesidad de que el América no licúe a patadas a nuestros jugadores. ¿Qué cabe esperar en el Azteca? ¿Antropofagia, evisceraciones, desmembramientos, trepanaciones?

Una sola jugada puede compararse, en escalofriante brutalidad, con la patada de Goltz, y fue el legendario embate del psicópata de Schumacher contra Battiston, en España 1982: vértebras, costillas, dientes rotos, el galo queda inconsciente durante varios minutos.

Ya lo vimos: el América es un Ferrari… conducido por 11 cavernícolas. Si nos masacran será responsabilidad del Herediano, de su falta de previsión, de iniciativa, de profilaxis ante un rival indigno y vil.

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