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Opinión: En el nombre del padre

Actualizado el 26 de mayo de 2017 a las 07:20 pm

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Opinión: En el nombre del padre

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En ocasiones me ha tocado ser testigo involuntario de las vivencias de otros.

Por ejemplo, la conversación entre un mentor y su discípulo que escuché al día siguiente del cierre del Campeonato de Invierno 2011, cuando Herediano perdió la final ante Alajuelense, por la vía de los penales, en el Estadio Eladio Rosabal Cordero.

Como acostumbrábamos desde que el fútbol nos hizo afianzar una amistad perdurable, aquella mañana don Orlando de León y el suscrito desayunábamos en un centro comercial ubicado en la ciudad de las flores.

De pronto, sonó su celular. Bastó con que don Orlando identificara a Jafet Soto, a la sazón director técnico de los florenses, perdedor de la final referida, para que sus pupilas humedecieran. “Gracias por llamarme, estaba por hacerlo yo”, le dijo.

De inmediato consideré prudente tomar distancia, pues se trataba de una conversación privada que, por cierto, se extendió durante largos minutos, tiempo suficiente para comprobar el entrañable afecto y la confianza que se profesaban.

“Así son las cosas. Ya verás que el dolor pasa y queda la experiencia que te servirá más adelante, cuando llegue tu oportunidad…”

Hasta aquí, mi alusión al diálogo entre Soto, hoy gerente deportivo del Herediano, y el legendario Ojo de Tigre, cuya memoria gravitó en la atmósfera con delirio y llovizna del domingo anterior en San Juan de Tibás, a raíz de la mejor puesta en escena del Team en todo el certamen de Verano 2017, con un global 5 a 0 sobre Saprissa en la final que rubricó la letra del estribillo: ¡Ninguno pudo con él!

Jafet sabe que la anécdota que ahora doy a conocer, ocurrió así. Espero no haber sido infidente, pues el único interés que me anima al recordar la cálida conversación entre ambos, consiste en resaltar la circunstancia feliz de que, justamente, en el homenaje póstumo a don Orlando de León, Herediano colgó con jerarquía la estrella 26 en su firmamento fecundo.

Tampoco pretendo ignorar los méritos de Hernán Medford, el avezado timonel del nuevo monarca.

Simplemente, la añoranza del café compartido con mi amigo don Orlando (nunca le quité el don) en aquel día tan lejano, me motivó a valorar con mis lectores la dimensión de un título que merecidamente ostenta en este momento Jafet Soto Molina, un buque insignia del fútbol, en el nombre del padre.

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