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El mundo está al revés con Chope y Medford

Actualizado el 28 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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“¡El mundo al revés!”, exclama Alexandre Guimaraes ante los inimaginados tiempos actuales: Paulo César Wanchope, vestido de rojiamarillo desde la cuna, vitoreado en el Rosabal Cordero, con árbol genealógico herediano, gerenciando al Saprissa; Hernán Medford, con sangre morada, historia morada y de seguro hasta comida morada, deseoso de alcanzar la corona al mando del Team florense.

Solo falta que Guimaraes sea algún día técnico de la Liga... Hace unos años no estuvo tan lejos, pero lo conversado con el ex de Saprissa y la Sele queda para la próxima entrega de Diálogos , el nuevo espacio de entrevistas en www.nacion.com

El mundo al revés parece mejor que el mundo al derecho. Parece más cuerdo, más sensato, menos cegado por los colores, más abierto a las capacidades. Tiene, además, la justa pizca de morbo.

Por fortuna, el mundo al revés también es compatible con las más fervientes pasiones. Si los liguistas disfrutaron cada gol de Bryce y Fonseca en clásicos y los saprissistas se habían deleitado otrora con Cayasso y el Macho Ramírez, por qué no pueden mudarse los técnicos y los gerentes.

Sería un desperdicio que Rónald González o Mauricio Wright solo fuesen bienvenidos en Saprissa o que Javier Delgado y Wílmer López no tuvieran más futuro que triunfar y morir en Alajuelense.

En el mundo al derecho, la Liga no habría ganado cinco títulos con el Macho Ramírez, a causa de la vieja “traición” de haberse vestido de morado cuando la dirigencia de entonces ya no lo quería en el Morera Soto. El mundo al derecho no le habría permitido a Ottón Solís fundar el PAC, atado a su pasado liberacionista, ni a Johnny Araya buscar la reelección como alcalde de San José sin una bandera verdiblanca.

Cada cosa en su lugar: los colores hasta la muerte son para el aficionado. Es su dicha y su desgracia, su ADN, su modo de vida, la razón de ser. Si ganarle al archirrival lo permite todo, por qué no de la mano de quien alguna vez vistió la camiseta del contrincante.

Algo está cambiando –espero– aunque Wanchope y Medford no alcanzan para darlo por hecho. No es tan grave. Después de todo, en un planeta redondo, muy pocos están de pie con la cabeza hacia arriba.

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