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La lengua juega fútbol

Actualizado el 18 de mayo de 2016 a las 10:44 pm

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Lengua: “1. f. Órgano muscular situado en la cavidad de la boca de los vertebrados y que sirve para gustación, para deglutir y para modular los sonidos que les son propios”.

Esta definición, del Diccionario de la Real Academia Española, se queda corta. Le falta agregar que esa anguila sin ojos que habita en nuestras bocas también juega fútbol.

Cuando presiente que van a alinearla, se prepara desde temprano para saltar a la cancha y jugar como las grandes.

Lo primero que hace es aprovechar al máximo el baño matutino que consiste, por lo general, en agua, pasta dental, cepillo y un enjuague bucal.

Después, aprovecha las primeras palabras que ayuda a pronunciar para hacer ejercicios de estiramiento y calentamiento; los trabalenguas y canciones le caen de perlas.

Nada la asusta más que la idea de arratonarse y quedar fuera del once inicial, o ni tan siquiera ir a la banca.

Los sorbos calientes de café le sirven para atacar con calor cualquier lesión que pueda estar afectando sus diferentes papilas: calciformes, hemisféricas, fungiformes y filiformes.

Y si de agua fría o al clima se trata, agradece los tragos generosos que la ayudan a mantenerse hidratada.

Tiene claro que el nivel de rendimiento de un deportista descansa, en gran parte, en el grado de humedad que tenga su cuerpo. “Pocas situaciones son tan incómodas como una lengua seca o reseca”, se dice continuamente.

En cambio, el cigarrillo y el licor no le caen nada bien. El primero la agota, le quita energía, le impide una adecuada oxigenación y puede acortar sus años de futbolista activa, en tanto que el segundo la desinhibe, la torna violenta y la hace decir cosas que no debería decir.

Allí es, precisamente, donde radica el principal cuidado que debe tener, pues la lengua no practica el fútbol al modo tradicional, con tacos, pantaloneta y camiseta, sino de una manera totalmente diferente, con palabras, retórica y figuras literarias.

Ella no anota goles en las redes, sino en los oídos; no gusta de taquitos ni jugadas de pared, pero sí de ironías y sarcasmos; no se expone a las tarjetas rojas y amarillas por agresiones físicas, aunque sí por ataques verbales, y puede quedar fuera de juego no por la regla del offside , sino por bocona, burlona, hablar más de la cuenta, alardear.

¿Hace falta agregar algunos ejemplos de la lengua jugando fútbol?

Pienso que no, además este espacio no alcanzaría para ese tipo de crónica deportiva.

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