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A huir de Princesolandia

Actualizado el 04 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

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A huir de Princesolandia

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Esta Selección Sub 17 mundialista nos ha dejado llenos de futbol pero con la sensación mortificante de que estaba para más. No hay reproche, sí la gran expectativa de que ellos serán la generación del futuro.

He visto jugadores de talento extraordinario, como Sergio Córdoba, un zurdo que puede abrir cualquier defensa con sus pases filtrados perfectos o con su gambeta fina y elegante. O a un muchacho como Kevin Masís, talentoso y además esforzado, como una hormiguita. O un Pablo Arboine que maneja los tiempos de juego defensivo al estilo “Pipo” González. No me alcanza la columna para endosar los atributos a cada muchacho mundialista.

Nos falta lo que le falta a la Selección Mayor y a casi todos los equipos y Selecciones de este país: la pegada final. Sabemos elaborar juego desde atrás, defendernos en bloque, contragolpear en velocidad… Pero carecemos de gol, de ese pase último con acierto, de aprovechar esas jugadas claras que se quedan en alarido.

Hay que trabajarlos y exigirles. Evitar que se nos hagan “princesos”, que se pierdan en los caminos fáciles que se abren con la fama, los elogios, la publicidad, los contratos y las chiquillas. De todo les va a llover, pero a sus padres, entrenadores, dirigentes y a ellos, les toca abrir el paraguas a prueba de esos diluvios.

Esto no es el Mundo Mágico de Disney y sus príncipes azulados. Tampoco la legión de los súper héroes. Ni existe Oliver Aton y sus acrobáticos compañeros de la historieta japonesa de futbol. El único escenario posible para consolidarse es el trabajo, la disciplina y la constancia.

Cualquiera que empiece a creer que ya es una estrella, que su peinado es más importante a sus atributos futboleros, que puede hacer berrinches si el entrenador lo sienta, que son los menos talentosos, y no él, quienes tienen que correr para recuperar la pelota, cualquiera así puede decirle adiós a su carrera.

Dichosamente han estado en manos de un buen formador y un hombre serio. Popeye los puso en el camino correcto. Ahora vendrán los promotores, contratistas, apoderados, los reflectores, y todo aquello que los invite a caer en la telaraña de “Princesolandia”. Será entonces cuando cada uno defina si se queda como promesa o se pone el traje de futbolista profesional.

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