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Me habría gustado estar ahí

Actualizado el 05 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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Me habría gustado estar en ese estadio situado a miles de kilómetros de Costa Rica, para ser testigo de primera mano de un gesto que enaltece al fútbol… De paso, habría comprado un ramo de tulipanes para mi madre.

Pero no, lamentablemente me tocó estar aquí, presenciando un nuevo episodio en la prolongada serie de broncas, telenovelas, escándalos, jaleos, memes, chotas, acusaciones y shows en torno a McDonald y Guzmán.

¡Qué pereza con estos futbolistas que de cuando en cuando le hacen más daño que bien a sus equipos, entran a la cancha a golpear rivales y se la pasan coleccionando tarjetas rojas y amarillas!

Sí, me habría gustar estar allá, recuperar la fe en los actos nobles que inspira este hermoso deporte… De paso, habría visitado algunos museos para deleitarme con las pinturas de van Gogh.

Sin embargo, no me quedó más que permanecer aquí, en medio de la obra melodramática alrededor de la decisión que tomó el Tribunal Disciplinario de anular la tarjeta roja que el árbitro Poveda le mostró a Angulo, volante del Saprissa, en el clásico del sábado.

Como siempre: reclamos, justificaciones, acusaciones, cinismos, sospechas, lamentos, amenazas, golpes bajos, trapos sucios, paja, complejos, resentimientos, ofensas, interpretaciones antojadizas, inconsistencias.

De veras, me habría gustado estar en medio de esa gente que le dio al mundo una lección de Fair Play… De paso, habría saboreado —con la complicidad de un vino— un delicioso queso Maasdammer o un exquisito Boerenkaas.

Lamentablemente, tengo que conformarme con los eternos debates sobre las preferencias futbolísticas de las televisoras, los yerros arbitrales, los títulos que dizque le han robado a “Cartaguito”, las ocurrencias de los dirigentes y otros condimentos del futbolito nuestro.

Por supuesto que hubiera preferido estar con la afición del Go Ahead Eagles, de la segunda división holandesa, cuando el fin de semana pasado sorprendieron al portero del equipo rival, Jelle ten Rouwellaar, tributándole una sonora lluvia de aplausos y cantándole “You’ll never walk alone” (“Nunca caminarás solo”) como homenaje a su recién fallecida madre.

¡Este espectáculo sí vale la pena! Lo demás es circo.

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