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El escupitajo

Actualizado el 24 de abril de 2016 a las 10:48 pm

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El escupitajo es un manifiesto, un gesto grávido de significación. He aquí todo lo que un hombre le expresa a otro, con esta agresión infame, oprobiosa.

“No soy yo quien te odia, sino mis vísceras, mi entraña, los mecanismos más automáticos de mi ser. Por eso te ofrezco mi mucus , mi saliva, los más viscosos de mis fluidos corporales. Con ellos elaboro en mi boca un proyectil, y te lo disparo a la cara. Hubiera preferido defecar u orinar sobre vos, pero estándome la evacuación pública de tales materias prohibida, opto por un cuajo de flema moco-bronquial. Con ella te digo que te detesto desde las más íntimas, recónditas cavidades de mi cuerpo. Al hacerte depositario de mi gargajo, te homologo a una letrina, un caño o, por decir lo menos, una bacinica.

Te regalo con ello no menos de 80 millones de bacterias. Porque —entérate— mi saliva es un marasmo, un pestilente pantano habitado por bacterias, virus, hongos y protozoos. ¡Y ahora todo ese zoológico es tuyo! Son alrededor de 700 variedades de microorganismos, y yo los deposito sobre tu rostro, sobre las mucosidades de tus ojos, de tus labios, o te los cuelgo del pelo, a la manera de una “ornamental” guirnalda. No mereces el insulto verbal —no hay palabra que encapsule el desprecio que mi inspiras— ni el puñetazo: tengo que herirte de una manera que no solo te lesione, sino también —sobre todo— te degrade, te reduzca a la dignidad ontológica de un orinal, un tanque séptico, una escupidera. Con el golpe te honro —el moretón hará de ti un mártir, y el público correrá a mimarte— mientras que el salivazo suscitará asco, pero no despertará la solidaridad, la identificación y la empatía del espectador. ¿Cuál es el color, el olor o la consistencia de mi salivazo? He ahí otra de las ventajas de esta agresión: solo tú lo sabrás, solo tú lo “degustarás”, solo tú lo sentirás correr por tu rostro. Es una agresión personal, íntima, ejecutada con quirúrgica precisión, un “mensaje” dirigido a ti, y nadie más que a ti.

Nuestros árbitros deben tener clarísimo el contenido semiológico del escupitajo, la inmensurable ira que lo motiva, la magnitud de la vejación que supone. El escupitajo es un texto: demanda lectores y hermeneutas avezados, que sepan descodificarlo y exponer el horror de su significado.

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