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Desde la tribuna

El episodio Juan Gabriel Guzmán

Actualizado el 25 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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La pasión futbolera provoca que un mismo episodio sea motivo de pena y regocijo. Juan Gabriel Guzmán dividió al país con su celular, provocó un sismo en rojo y negro y alargó la fiesta morada, que iniciaron sus jugadores en La Sabana.

Apenas empezó a circular el audio, los saprissistas vistieron de héroe al volante rojinegro, por tener la valentía de poner los puntos sobre las ìes en el seno de los perdedores, donde todos andaban “de pocas pulgas”. Ese “perras” con que calificó a algunos de sus compañeros sonó y resonó a gloria en la tiendas tibaseñas, como un cántico en la cara de sus archirrivales en el Alejandro Morera.

Cuando anunciaron su separación, los saprissistas seguían “solidarios” con Guzmán. Para unos, un chivo expiatorio para desviar la atención por el mal momento alajuelense. Para otros, la grabación no era prueba legal suficiente para un despido sin responsabilidad. Pero todos, entre dientes, como el “Lindo Pulgoso” se reían a más no poder por ese nuevo golpe a los manudos, gestado en la web “Pasión Morada”.

En medio de la resaca por la derrota, la afición liguista se volcó contra Juan Gabriel, su otrora arcángel, y condenó no solo su lenguaje, digno de la canción más enconada de “Paquita”, sino la deslealtad, irrespeto y falta de solidaridad hacia compañeros y el técnico.

Desde ese momento, la directiva y el propio entrenador quedaron en la línea de fuego. Perdonarlo no solo era muestra de debilidad y tolerancia al irrespeto demostrado. De alguna forma daría vida al recuerdo de actos recientes de indisciplina: El baño de agua de Sarvas sobre “El Macho”, el choque madruguero de Salvatierra, la expulsión tonta de McDonald en una final frente a Saprissa, o la roja de Sancho, inexplicable, en otro clásico perdido.

Lo cierto de todo es que la Liga quedó con doble herida. En la cancha no puede con el Saprissa de Jeaustin, quien con su llegada sacó del balance emocional a todo el liguismo, y en el seno del vestidor parecen asomarse grietas peligrosas.

Lo peor: alguna parte de la fanaticada rojinegra avala al menos parcialmente las opiniones de Guzmán. Y aunque ya está afuera, Juan Gabriel puede pasar a la historia como el verdugo de Oscar Ramírez y de algunos de sus excompañeros, si la Liga no cura sus heridas este jueves frente al DC United.

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