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Actualizado el 08 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Un equipo de fútbol es un organismo. ¿A qué me refiero con ello? A un todo que depende del accionar de cada una de sus partes, y donde las partes tienen su razón de ser en función del todo. Un organismo, sí, en el sentido estrictamente biológico del término. Los organismos están sometidos a ciclos. De crecimiento, de plenitud, de decrepitud, de muerte, o, simplemente, a altibajos provocados por la disfunción de alguna de sus partes (la enfermedad de un órgano), o la incapacidad del todo para armonizar la interacción de sus partes (una afección neurológica, por ejemplo).

Para que un equipo gane un torneo no solo es menester jugar bien: el certamen debe coincidir con un ciclo de plenitud del organismo, con uno de sus ápex o momentos de máxima salud. Tomen a la Alemania campeona el año pasado. Ese mismo equipo, dos meses después de su contundente triunfo, no hubiera ganado: su ciclo de máxima efectividad había pasado: sufrió derrotas aparatosas contra Argentina y Polonia. Pensemos en un equipo clásico: el Brasil de 1970. Un año antes, la Verdeamarela jamás hubiera ganado el mundial, ¡a pesar de contar con los mismos cometas! No había alcanzado el momento de plenitud: los ingredientes estaban todos ahí, pero no habían todavía --tal una buena sopa-- liberado sus sabores, a fin de crear la amalgama perfecta.

Dos meses antes de Brasil 2014, con derrotas sonrojantes ante Australia, Japón, Corea y Chile, Costa Rica no hubiera pasado de la primera ronda. Sucedió, simplemente, que el equipo “coaguló” y alcanzó la cúspide de su ciclo de crecimiento justo para el Mundial.

Todo, en esta vida, es cuestión de sincronía. No debemos ensañarnos contra el equipo que perdió ante Colombia. Es un organismo: debemos dejarlo que “cuaje”, que se autopurgue de sus componentes disfuncionales, y que el todo potencie a sus partes funcionales. No cometer el perverso error de ponerlo a competir contra su versión 2014. Era otro momento, otra circunstancia. Ya es suficientemente difícil enfrentar a 11 jugadores. No vamos a exigirles a nuestros muchachos que enfrenten a 22: los rivales de turno, y las épicas sombras de los protohombres del 2014. Recordemos que esos protohombres también tuvieron su “noche oscura del alma” (San Juan de la Cruz).

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