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La columna de Barraza

Antes y después del Cholo

Actualizado el 08 de febrero de 2015 a las 12:01 am

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Antes y después del Cholo

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El 21 de diciembre de 2011 el Albacete Balompié venció al Atlético de Madrid 1-0 en el Vicente Calderón y lo eliminó de la Copa del Rey 2011-2012. Era el acabóse. Ya le había ganado 2-1 en la ida. Apenas iban los dieciseisavos de final del torneo. En la Liga, el cuadro colchonero rozaba los puestos de descenso. Eran tumbos y golpes de todos lados. El club decidió cesar al entrenador Gregorio Manzano y aplacar el incendio llamando a un ídolo de la afición: Diego Simeone, bicampeón de Liga y Copa en 1996 como jugador, figura y bandera de los hinchas por su garra.Dos días antes, Simeone renunciaba como técnico de Racing tras ser subcampeón argentino. Dos días después era presentado en Madrid. Nunca olvidarán los atléticos aquella caída ante el Albacete, jamás recordarán con tanto cariño una derrota, pues esa eliminación les hizo tocar fondo y permitió el arribo del hombre que cambiaría la historia de la institución. Desde el día en que llegó y con el mismo plantel que daba vuelco tras vuelco. El Atlético de Madrid estaba hundido futbolística y espiritualmente. Sin triunfos, sin títulos, la grandeza perdida a la vuelta de una esquina, el orgullo pisoteado, el Madrid humillándolo en cada enfrentamiento, la masa rojiblanca triste y entregada. Desde aquel día aciago del Albacete a este sábado glorioso del 4 a 0 al Real Madrid han pasado poco más de tres años mágicos, de alegría en alegría, de asombro en asombroEs difícil hallar en la historia del fútbol un resugimiento tan increíble de un club sólo por la llegada de un entrenador. Simeone ha cambiado la vida del club, de sus hinchas, ha mutado incluso la fisonomía de la Liga Española, antes bipolar. Lo ha reinstalado como un grande de Europa. Ha devuelto el coraje (antiguamente característico) a una entidad que arrancaba vencida los partidos, más frente a su gran rival. La transformación ha sido de tal magnitud que el libro de oro del Atleti se puede dividir en dos capítulos: antes y después del Cholo.Tan absoluta y vergonzante era la paternidad blanca sobre los de Manzanares que los hinchas madridistas enarbolaron en noviembre de 2011 una pancarta humillante: “SE BUSCA RIVAL DIGNO PARA DERBY DECENTE”. Ahora es tan espectacular el viraje del enfrentamiento que tal vez el cartel lo pongan los de enfrente.“Quiero un equipo agresivo, fuerte, aguerrido, contragolpeador y veloz. Eso que nos enamoró siempre a los atléticos. Vamos en busca de lo que fue nuestra historia", proclamó Simeone el día de su presentación, un mes después de aquella pancarta burlona. ¡Vaya si lo ha logrado! Y con un presupuesto que está lejos de los del Barsa y el Madrid. ¿Qué les dice el Cholo a sus jugadores...? ¿Cómo son sus charlas técnicas...? Quién sabe... Transforma en guerreros a todos los que le llevan. Los convence de luchar, de dar el 110 por ciento. Y de jugar... Lo que se percibe desde fuera es una excelente sintonía con sus muchachos, les golpea el pecho cuando entran y cuando salen, y todos felices, agrandados, convencidos. Cuando hace un cambio, el que sale abraza al que entra; cuando marcan un gol, lo celebran como hermanos. Se advierte una mancomunión que los pone a tiro de cualquier hazaña.Los títulos ganados cuentan, desde luego, pero esto va más allá, es la refundación del Atlético como club grande. Ha retomado su orgullo, su casta combativa, su espíritu indomable. El milagro se produjo desde el banco.El 4 a 0 fue por aplastamiento. Y generoso. Pudieron ser seis. Con actitud, intensidad y juego. El Madrid no puede argumentar que le pegaron patadas; le pegaron sí un baile que no olvidará en años. Se habla mucho de la defensa de hierro del Atleti; se pasa por alto su mediocampo, que posee gran toque de balón: Gabi, Tiago, Koke, Arda, Raúl García,Mario Suárez, todos tocan bien, con criterio, al pie. “Es el fuerte nuestro, tenemos gente de gran manejo en el medio”, confidenció una vez Simeone. Todo cierto. Y la tocan con personalidad, sin miedo de perderla, que es como se evidencia el carácter."Vamos a ir a ganar la Liga al Calderón", prometió Ronaldo el día de la eliminación de la Copa del Rey, también ante el Atlético. No fueron, se quedaron en el Bernabéu. El portugués fue un fantasma, lo que se le critica en los partidos importantes. El actual Balón de Oro muestra una involución importante de su juego: en sus años dorados en Manchester, incluso en su comienzo en España, participaba mucho del juego, arrancaba de más atrás, desbordaba por la punta derecha, servía centros, hacía diagonales, ayudaba en el armado ofensivo, era un jugador sumamente activo, colectivo y desequilibrante. Desde hace un año y medio o dos su aporte se reduce a esperar que sus compañeros elaboren una jugada para que él la aproveche en el área. Ha pasado a ser un pescador. Se mide su juego solo por los goles, pero no colabora con el equipo, lo usufructúa. Individualísimo y ausente. Y los goles hay que ver a qué rival, cómo, si de penal o de empujada; y qué gol, si el primero o el quinto.José Félix Díaz Hernández, columnista de Marca, no buscó la diplomacia con CR7: “No sería justo señalar a todos los madridistas en eso de dejarse llevar, pero los que más ganan, los que presumen de tener Balones de Oro en su casa o anticipan que pueden lograrlo algún día, se deben dar cuenta de una vez que esto del fútbol exige esfuerzo, unión y, sobre todo, entrega. Mientras no aparezcan estas cualidades, el Real Madrid está condenado al fracaso. Con Balones de Oro, pero rotundo y sonoro fracaso. Cristiano Ronaldo escribió una de las páginas más tristes de su historia como madridista. Con una nefasta actitud, se dejó llevar sin más. Ni ganas, ni condición, pero como se sabe titular, pues no pasa nada”.Un tiro al arco del Madrid en toda la tarde. En el minuto 81, disparo de Illarramendi que además se iba afuera, pero rozó la mano de Moyá y fue córner. Ancelotti le juega al Atlético con tres arriba: Bale, Benzemá y Ronaldo. Y el trámite se da siempre igual: todo del Atlético, que gana por superioridad en el medio. A los cuatro volantes se le agregan Juanfrán y Siqueira, que suben y apoyan siempre, y Mandzukic, que baja y pivotea. Total: casi siete rojiblancos para tres merengues. De allí nace la superioridad en todos los clásicos.Algún día se van a separar el Cholo y el Atleti. Nada dura para siempre. Pero este paso no se olvidará nunca, ya es historia.

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