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Un asesinato para nunca olvidar

Actualizado el 14 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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Recién vi un impactante reportaje sobre el asesinato de Andrés Escobar, el defensor colombiano que pagó con la vida un simple accidente: el autogol que dejó a su Selección fuera del Mundial de 1994.

Aquel equipo fue a Estados Unidos vestido de candidato, después de barrer en la eliminatoria suramericana, con un inolvidable 5 a 0 endosado a Argentina en el Monumental. Maturana y sus hombres eran el Barcelona de aquella época, pero la historia tuvo un final de pesadilla.

Luego de perder contra Rumanía, los cafeteros repitieron derrota frente a Estados Unidos, con el autogol de Escobar, y el triunfo a Suiza fue apenas para las estadísticas. La gran Colombia regresó a casa humillada y temerosa, pues corrían rumores de amenazas a los jugadores.

Maturana recomendó a sus pupilos no exponerse y uno de ellos, El Chonto Herrera, le pidió a Andrés –su mejor amigo– que se olvidaran de salir por un tiempo. “Andrés era muy tímido, pero cuando se tomaba un par de tragos, se volvía muy sociable”.

El 2 de julio de 1994, sin terminar aún el Mundial, el defensor que siempre uso la casaca “2” fue ultimado a balazos, dentro de su carro, a la salida de una discoteca en Medellín. Tuvo la mala fortuna esa noche de toparse con dos hermanos vinculados a la Banda de Los Pepes. Lo insultaron. Lo llamaron el “mariquita del penal”. Él se limitó a reclamar respeto, pero lo siguieron al parqueo para ofenderlo de nuevo. Andrés abrió la ventana y les dijo algo. El chofer de los Gallón entonces se bajó de una de las camionetas y disparó seis veces.

El gatillero solo pasó 12 años de los 42 condenado en prisión. A sus jefes no les ocurrió nada. Eran los tiempos más sangrientos de un país debatido entre la guerrilla, el narco, los paramilitares y la violencia en general. Como diría Maturana: “A Andrés no lo mató el fútbol, lo mató una sociedad violenta”.

Me impactaron los detalles porque casi en forma instantánea los asocié con el momento que vive el país, que vemos por televisión.

Los bares de Escazú son muy frecuentados por jugadores de Primera División, incluso por algunos legionarios. Tal vez sea bueno, por disciplina y por seguridad, que revisen sus agendas nocturnas, porque este país no quiere llorar a su Andrés Escobar.

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