Deportes

Opinión: El arte que Jacques Sagot no vio en Álvaro Saborío

Actualizado el 11 de febrero de 2017 a las 10:21 pm

Deportes

Opinión: El arte que Jacques Sagot no vio en Álvaro Saborío

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Espero estén felices, agradecidos, no muy maltrechos, Jacques Sagot y quienes rezaron de rodillas sobre granos de maíz por la salida de Álvaro Saborío, el goleador que “siempre botó goles por decenas” y ahora lo haría “por centenares”, según predijo nuestro maestro pianista en reciente columna, apenas supo del regreso del goleador.

Cuatro opciones falladas y no “centenares” bastaron para el reproche, el reclamo, la impaciencia desatada, los silbidos, los insultos. Si una rodilla erosionada fue incapaz de doblegar a Sabo, los madrazos lo hicieron. Ganó el coliseo.

Ganaron la arena romana, el estadio y las redes sociales –si acaso no son la misma cosa- escenarios perfectos para transformarse, bajar el dedo o subirlo, así en la Roma del siglo I d.C. como en el Facebook del XXI. Protegido por la grada, el anonimato o la internet, más de uno olvida que el de allá abajo tiene madre, esposa, hijos, y se atreve a la ofensa que no expresaría cara a cara.

Sagot no es de esa calaña, claro está. No encontrarle arte a Saborío no es pecado ni irrespeto. Como Sagot, también prefiero al delantero habilidoso, veloz, regateador, el que llena de vértigo los partidos, por encima de ese cazador de área, que va al choque, forcejea y se desbarata contra la muralla rival. Saborío, sin embargo, llenaba de épica la cancha: el herido que se niega morir, lucha cada pelota, se sacrifica y elige jugar sus últimas batallas en lugar del remanso. Ahí también hay arte, mi estimado Jacques, como bien sabían muchos poetas líricos. Los juglares, de pueblo en pueblo en la Edad Media, también necesitaron de muchos Saborío.

A nadie culpo: es más fácil apreciar una gambeta que el esfuerzo. Seguimos la pelota y nos perdemos el desmarque, que deja al artillero de cara al gol.

Falló goles por “decenas”. Sin duda. ¿Cómo hizo entonces, con tan poco talento y tan impredecible definición para convertirse en el cuarto goleador histórico de Saprissa y el tercero de la Selección? Buscaba goles por “millares”.

¿Será –Sagot– que hace mucho no veo Ben Hur y quise dar la bienvenida a un gladiador? Quizás. Al fútbol y a la vida nunca le sobran esos hombres.

  • Comparta este artículo
Deportes

Opinión: El arte que Jacques Sagot no vio en Álvaro Saborío

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota