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Opinión: No se aguantaba la bola

Actualizado el 01 de febrero de 2017 a las 04:00 pm

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Opinión: No se aguantaba la bola

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Los mediocampistas y delanteros aguardábamos a que aquel amigo, quien jugaba en el puesto de defensa, ejecutara el saque de puerta. Como ocurre por lo general en los partidos de fútbol, todos suponíamos que el balón, una vez pateado, se elevaría y caería al menos sobre la mitad de la cancha. Sin embargo, eso nunca ocurrió...

En lugar de eso, la bola recibía un débil puntazo que la hacía rodar pocos metros y que por lo general era recuperada por algún jugador del equipo contrario, lo cual obligaba a nuestro portero y defensores a encender las señales de alerta y redoblar esfuerzos en procura de evitar que nos anotaran un gol.

Aún así, aquel zaguero insistía una y otra vez en realizar los saques de puerta. Sus compañeros de equipo le gritábamos que se olvidara de los puntazos y que más bien pateara la redonda lo más bajo posible con tal de que tomara altura. Pero no había caso, sus saques seguían poniéndonos en reiterado peligro.

Claro, llegó el momento en que sin más remedio no nos quedó más que prohibirle sacar de puerta y encomendarle esa tarea a otro defensa que no solo hacía bolar el esférico sino que además lo enviaba más allá del medio campo.

Expresado con argot de mejenga, lo que ocurría con el amigo de los puntazos era que “no se aguantaba el balón”, lo cual significa que no sabía patearlo con la fuerza necesaria ni con la correcta posición del taco. Es lo que se dice en los estadios cuando, por ejemplo, el encargado de cobrar un tiro de esquina no logra ni tan siquiera hacer que la bola llegue al área grande. “¡No se la aguanta!”, grita la gradería.

Aquel amigo que se la pasaba cantando la canción “Abracadabra” —estrenada por la banda estadounidense de Steve Miller en 1982— se llama Jorge Gutiérrez, pero le decíamos “Cepillín” porque bailaba como el payaso mexicano que aparecía en la televisión en aquellos años.

Una vez que finalizaban los partidos, todos rodéabamos a Jorge para reclamarle por aquellos pésimos saques de puerta.

La respuesta sorprendía y causaba risa en el grupo: “¿Saben por qué saco así, por bajo? No es que no me aguante la bola, ¡claro que me la aguanto, siempre he mejengueado! Lo que pasa es que cuando se va a realizar un saque de puerta, todos los jugadores del equipo contrario esperan el balón por arriba y yo los confundo sacando a ras del suelo.

”¿Se dan cuenta?

“Es una estrategia bien pensada”.

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