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La afición morada dicta sentencia como pocas

Actualizado el 06 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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La estrella del partido es un crack, producto de exportación, mago en verde escenario, el David Copperfield del fútbol, merecedor del llamado a la Sele, el Gordo Navideño para el Macho Ramírez, actor principal y secundario, capaz de hacer el centro y cabecearlo, candidato a portada por decisión unánime, socio perfecto de la fanaticada, amor “eterno” hasta que las derrotas los separen.

Cuando vengan los malos días será culpable, promotor de silbidos, promesa no cumplida, domingo echado a perder, vendedor de papas en la cancha, candidato a enderezado y pintura, entero de lotería que ni terminación pega, culpable eterno hasta que se demuestre lo contario.

Sucede con todas las aficiones, aunque la saprissista es difícil superar.

La afición morada es capaz de darle alas a sus jugadores favoritos, hacerlos sentir como el último de los Avengers, inspirarlo a más no poder, impulsarlo y hasta meter goles con él. Pocas logran imponerse igual (para bien y para mal). La afición morada es capaz de cortarle las alas a sus jugadores señalados, hacerlos sentir como el Coyote después de fracasar ante el Correcaminos, criticarlo a más no poder, desanimarlo y acompañarlo al banquillo. La confesión de David Ramírez, promesa venida a menos, confirma lo dicho.

Cuando los domingos no son victoriosos, la afición morada no busca sospechosos, encuentra culpables. Y los encontró, justo cuando los necesitaba, en la crítica de Lonis. Criticado por el exaquero, señalado por la propia afición y objeto de mofas de aficionados rivales, Ramírez intenta ahora regresar de una sentencia sin juicio ni abogado, a su criterio injusta. Es buen momento: regresaron las victorias, las semifinales están a la vista y salvo un par de tropiezos, el cuadro de Watson se muestra en capacidad de pelearle el título a Herediano y a la Liga.

Cuando los domingos son festivos, la afición morada no busca figuras, encuentra héroes.

Quizás David Ramírez se vista de figura, en el paulatino regreso del joven atrevido, con buena técnica, definidor, destacado en sus primeros pasos con la Sele . Tan solo diré, a riesgo de caer en los mismos excesos de la afición morada, que es lo más parecido que he visto a un Rolando Fonseca en las últimas décadas. Él dirá si lo logra, con la afición o sin ella.

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