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Tacto prostático gratuito

Actualizado el 29 de junio de 2015 a las 12:00 am

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Esto fue lo que hizo el jugador chileno para enfurecer a Edinson Cavani (Caracol)

¿Cómo hablar con decoro –no digo belleza– sobre una realidad inherentemente vil y grotesca? No es posible hacerlo. No lo intentaré, por consiguiente.

Ahora resulta que la más barata y rápida forma de someterse a un tacto prostático consiste en jugar fútbol. Hay defensas especializados en ejecutar este procedimiento cuando el paciente menos lo espera. Lo que el canalla chileno (no ensuciaré mi texto con su nombre) le hizo a Cavani para provocar su expulsión en el partido contra Uruguay es… pues incalificable. Hemos visto cabezazos al esternón dignos de Martín Karadagián (Zidane a Materazzi), mordiscos que hacen de Jaws una inocua olomina (Suárez a Chiellini), ruptura de vértebras lumbares, en ataque desde atrás, sin disputa de balón (el quebrantahuesos Zúñiga de Colombia, un criminal que bien pudo haber dejado a Neymar discapacitado, y no fue siquiera amonestado). Ahora resulta que se pone de moda la técnica del “tacto prostático”, en la que el provocador inserta su dedo en el ano del jugador a fin de provocar una reacción explosiva, automática.

El truco no es nuevo, amigos. Riquelme y Valderrama fueron frecuentemente vejados así. Los veo estallar como el Krakatoa –y ser expulsados– después de la afrenta. ¿Concebirían ustedes a Pelé, Sócrates, Beckenbauer o Cruyff, cometiendo tales trapacerías? Ciertamente, a lo largo de sus extensas carreras habrán propinado uno que otro codazo, pero jamás llegaron a bajeza tan abyecta. Dirceu se retiró a los 43 años, sin haber jamás recibido una tarjeta amarilla ni ser amonestado –a pesar de jugar en una posición creativa que lo hacía blanco de constantes faltas–. Alzo mi copa en su memoria.

Así que nuestros futbolistas no tienen ya que ir al médico a examinar su próstata. Algún agresor, pedazo de cretino, pateador glorificado, se encargará de ello gratuitamente, y emitirá un dictamen in situ . ¿Qué merece un naco de esta estofa? Pues que le rompan el hocico: eso merece. Pero el fútbol demanda una capacidad de auto-control por poco sobrehumana, y un buen jugador debe cultivarla hasta lograr reprimir esos sismos de intensidad 9,5 con epicentro en el núcleo mismo de la dignidad. Federativos podridos, jugadores podridos, árbitros podridos… ¿hay algo que no apeste, en el fútbol actual?

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