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Solo falta Limón

Actualizado el 12 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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La oferta era tentadora. Solucionaba su situación económica. Garantizaba la estabilidad de su familia. Y en lo futbolístico, se disponía a firmar con un club que cuenta con excelentes instalaciones deportivas, en una de las ciudades con mayor desarrollo en el país.

Sin embargo, más que en su remedio inmediato de subsistencia, él pensó en sus compas. En el camerino. En la identidad del plantel. Echó para atrás, desestimó el jugoso ofrecimiento y se quedó en la tierra donde lo mejor es su gente, según reza la canción.

Erick Scott, un veterano artillero, ostenta con mérito indiscutible el papel del caudillo. Es el principal referente de Limón F. C., que se apresta a enfrentar la semifinal del Invierno 2015 contra Alajuelense, un desafío mayúsculo que podría otorgar al equipo porteño el cartel de finalista y, eventualmente, el título de monarca, por primera vez en la historia.

De las siete provincias que conforman nuestro territorio, solo Limón no ha tenido un campeón nacional, desde 1921, año del primer certamen oficial de la Primera División. Esto revela una tremenda contradicción, pues si en el país existe una cantera --casi inagotable-- de futbolistas, esa es, precisamente, la que brota generosamente en las arenas de la provincia olvidada.

No hay un equipo nacional que no se haya nutrido de esa cantera, a tal grado que nombrar a tantas figuras limonenses que han honrado al deporte y al fútbol resulta casi imposible, pues se cuentan por generaciones.

En esta temporada, guiados por Horacio Esquivel, un técnico estudioso, con liderazgo y buen manejo del plantel, Limón ha reeditado las grandes jornadas de sus antecesores, sobre todo las de aquel bravo elenco caribeño que Leroy Lewis llevó al subcampeonato, en 1981.

Además de Scott, brilla la certeza de Dexter Lewis en la portería; destaca el coraje de Esteban Maitland; aporta la picardía de Alexánder Espinoza; suman también el toque de filigrana de Diego Díaz y la auspiciosa juventud de Josimar Pemberton; en fin…

No alentamos banderías en esta tribuna. Sin embargo, abrigamos la ilusión de que en la fase decisiva, la casta del negro inmenso emerja otra vez. Para que el fútbol costarricense inscriba, en su largo historial, un campeón inédito.

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