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Significa todo lo contrario

Actualizado el 26 de mayo de 2016 a las 12:00 am

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“El director técnico goza de la absoluta confianza de la Junta Directiva del club. Tiene todo nuestro respaldo y vamos hacia adelante con su proyecto. Tenemos entrenador para años”, palabras más, vocablos menos, resumo así la oración trillada que de cuando en cuando nos recetan los presidentes de algunos equipos a través de los medios de comunicación.

No importa lo que digan estos señores. Lo verdaderamente importante es tener claro que ese tipo de declaraciones significan, en el mundo del fútbol, exactamente lo contrario.

Igual ocurre con otras afirmaciones recurrentes. Veamos…

“Esta serie —semifinal o final— no está decidida. La moneda está aún en el aire. Faltan 90 minutos de juego y en ellos haremos valer nuestra condición de casa. Vamos a remontar este marcador parcial, pues nuestro estadio y afición se respetan”.

Otra de antología: “Me siento honrado de presentar a nuestro nuevo estratega. Por supuesto que asume las riendas de esta institución en tiempos turbulentos y de mucha presión por parte de nuestros hinchas, pero aquí no se trata de obtener resultados inmediatos sino de apostarle a un proceso de largo plazo que siente bases sólidas para el futuro”.

Esta siempre me dibuja una sonrisa sarcástica: “Tenemos la suerte de contar con un plantel donde todos los jugadores son titulares. Aquí no hay estrellas, no hay un equipo A y otro B. En realidad disponemos de dos, y casi tres, equipos de primerísimo nivel; cualquiera de ellos es capaz de disputar el título nacional y dar pelea en la Concacaf”.

¿Qué le parece esta frase? “Desmentimos categóricamente que el camerino esté dividido. Los muchachos están más unidos que nunca. Todo es armonía y sentido de familia”.

Esta no podría quedar por fuera en esta colección de oraciones que significan todo lo contrario: “No estamos dispuestos a tolerar más actos violentos por parte de las barras. Vamos a ser enérgicos, aplicar todo el peso de la ley para que las familias puedan asistir a los estadios sin temor. No les quepa la menor duda de que así será”. (Imagine a quien la dice golpeando la mesa con el puño y con el ceño fruncido).

Aquí va el zarpe: “¡Es una injusticia lo que el árbitro hizo conmigo. Ese señor me tiene entre ojos. Me expulsó con roja directa y yo ni tan siquiera toqué al jugador rival”.

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