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El Rey León ruge, Godzilla lloriquea

Actualizado el 02 de marzo de 2015 a las 12:13 pm

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Soy saprissista envenenado: lo he proclamado en todas las tonalidades y ritmos concebibles.  De los que llevan consigo una ampolla de saprisuero por si se muerden a sí mismos.  Ofídico, viperino y de lengua bífida.  Pero no soy mezquino.La Liga cinceló un verdadero poema contra el DC United, y lo mandó a casa pagando sobrepeso en el avión por el volumen de goles que le “medicó”.  Como si 4-2 no fuese suficiente, y sabiendo que anotar el último gol siempre deja un grato sabor en el alma, a manera de finis coronat opus, le infligieron el quinto en el pálpito postrero del encuentro, para que lo acomodasen como pudieran en el compartimento de maletas. La Liga amalgamó eficacia y belleza coreográfica.  Yo, más allá de monstruos o leones, me declaro orgulloso de que un equipo costarricense ofrezca semejante ballet en un momento en que el futbol de la Concacaf es atisbado y estudiado con nano-microscopios por el mundo entero.Entretanto, Saprissa “deleitó” a su público con una versión en technicolor de “Los tres chiflados juegan futbol”.  El América les aguantó ochenta minutos, como Alí a Foreman en 1974, recostado plácidamente contra las cuerdas, absorbiendo golpes inocuos (“rope a dope”)… para clavarles al final tres goles de Kindergarten.  Los guerreros saprissistas, hacían pucheros, moqueaban, eran “once mujeres al borde de un ataque de nervios” (Almodóvar).  La defensa dejó espacios en los que bien podría haber aterrizado el Hindenburg.Recientemente encomié la evolución que había percibido en la actitud más caballerosa y ponderada de Jeaustin.  Me equivoqué.  Nadie es ajeno a su naturaleza, tal parece.  Ya volvió a las suyas, provocando a la Liga y minimizando la magnitud de su triunfo.  ¿Por qué no usa calamina, para aplacar la chimazón?  Su ambición consiste en ser animador del programa “Serruchando el piso por un sueño”.  Yo no contribuiré más a la promoción de esa imagen que, a todas luces, orquesta y sazona de manera perfectamente calculada.   Sus bravatas quizás le deparen el narcisista placer de alguna gacetilla periodística, pero le hacen un daño atroz a Saprissa.  Tener un técnico mediático es saludable… siempre y cuando sea por las buenas razones, y no por los berrinches y pataleos que escenifica cada vez que le pasan por encima.

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