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Popeye, nos falta comer mucha espinaca

Actualizado el 06 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

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Popeye, nos falta comer mucha espinaca

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La historia de la Sub-17 apenas comienza. Si aspiramos a torcer los malos resultados de nuestro fútbol menor antes de que esta generación irrumpiera, hay que ampararla.

Su destino comenzó en Chile; no murió allí a manos de Bélgica. Estos muchachos son el proyecto de selección olímpica de cara a los Juegos de Japón en el 2020 y el relevo generacional de la Mayor. Es decir, son la apuesta a futuro de nuestro fútbol.

Marcelo Herrera, su técnico, lleva el sobrenombre de un personaje de dibujos animados que nos acompañó en la lejana infancia.

Popeye era un marinero que potenciaba su fuerza cada vez que comía espinacas enlatadas. Tenía un hijo llamado Cocoliso. Si jugamos con la analogía, nuestro Popeye y sus Cocolisos tienen una tarea enorme entre manos.

Me gustó el equipo, aunque no es la súper selección que un sector alegre de la prensa deportiva pregona. Tiene conceptos claros para su edad: sentido de bloque, marca y orden a partir de un buen manejo de pelota.

Sin embargo, me preocupan sus carencias, incluido el arquero: Barrientos debe aprender a domar los nervios para que no exponga a la oncena y enmendar algunos principios de manual, como por ejemplo, saber ubicarse en una acción de tiro libre y no dar rebotes frontales. Tiene una gran ventaja: cuenta con Gabelo Conejo como preparador de guardametas de las selecciones y el espejo de Keylor Navas. Hay asignaturas pendientes en otros frentes.

Una debilidad es la tendencia a confundir manejo de pelota con exceso de fútbol lateral. Se toca para distraer, para fabricar espacios en el bloque de enfrente, para mentirle al rival como pregonaba el argentino César Luis Menotti, campeón con la Albiceleste en 1978.

Pero no tiene sentido tocar a 40 metros o más del arco rival, sin profundidad, porque no vamos a desequilibrar a nadie. El problema se agrava pues si bien tenemos muchos y buenos pasadores en corto, nos falta un lanzador, un muchacho que descargue la pelota larga, al claro, que materialice los terrenos más fértiles de la cancha.

En muchos pasajes y ante diferentes rivales, los chicos insistían en jugarla en medio del bloque rival, en esos bosques de piernas enemigas en donde resultaba imposible penetrar.

Y, finalmente, pienso que el técnico debe pregonar una política de puertas abiertas porque nos hacen falta futbolistas de diferente perfil que nos ayudarán a mejorar el rendimiento colectivo.

Por ejemplo, hay que ampliar el repertorio de recursos ofensivos con muchachos que tengan punta de velocidad, manejo y desequilibrio. Se requieren chicos que lleguen bien por afuera, pelota al pie, y uno o un par de “9” modernos, que tomen la pelota de tres cuartos de cancha para arriba y acompañen, pero también la pidan en esa zona quemante del área penal enemiga.

Tenemos al técnico ideal, contamos con una excelente base, pero hay que buscar más talentos porque este equipo encarna el futuro.

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