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Paulo Wanchope, técnico 7 meses después

Actualizado el 06 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Paulo Wanchope, técnico 7 meses después

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La Sele terminó en manos de Chope, como presagiaron siete meses atrás las mentes más osadas en redes sociales, después de aquella rueda de prensa volcánica en donde Pinto lo llamó “enemigo” y encendió una hoguera que consumió el furor nacional por Brasil 2014.

Ese hecho golpeó  el corazón del país futbolero y dio origen a dos bandos: un frente de antipatía contra Paulo César y otro enemigo del Profe.

En ese contexto, el interinato le sirvió a Wanchope para prolongar el invicto que nació en la eliminatoria y legitimarse, de paso, como el candidato natural a la sucesión, a pesar del escepticismo inicial de sus patronos por el tema de la inexperiencia.

Solo los dirigentes saben si esta designación es la consecuencia lógica de un proceso transparente o la puntada final de una maniobra planeada desde julio del 2014 cuando Paulo apareció como el redentor de los supuestos mártires que el método de Pinto se cobró para tejer la hora más gloriosa del fútbol nacional.

La duda con Chope es si podrá mantener la cosecha de resultados con ese fútbol alegre y de toque que esgrimió en seis juegos bajo su gestión, y si en defensa  se reencontrará  con la solidez de la eliminatoria y del Mundial.

De alcanzarlo, empezaría a tomar distancia de la sombra del colombiano porque, hasta ahora, muchos piensan que Paulo cosecha los frutos de la estructura ensamblada por Pinto.

La esquiva Copa Oro de julio próximo podría darle a Chope  la plataforma para catapultarlo hacia el nuevo estilo de la Selección, con mayor posesión, manejo y toque que preludien un equipo más audaz que durante el ciclo pasado y a tono con la identidad futbolística nacional.

No parece fácil. La tendencia mundial apunta en la otra dirección. Con Mourinho como paradigma, la mayoría privilegia el juego largo, es decir, la salida letal al contraataque.

El otro tema es cómo manejará el proceso natural de renovación o si apostará por el continuismo, que parecería lógico, pero sin caer en el amiguismo, eso que llaman “argolla”, y que siempre se factura caro.

Siete meses después, Wanchope emerge salpicado por la duda pero con la aspiración legítima de redondear un ciclo de conquistas propias que lo redima frente al fantasma de Pinto.

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