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Opinión: Mis primeros tacos

Actualizado el 08 de marzo de 2017 a las 11:16 pm

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Recuerdo mis primeros tacos de fútbol: me los regalaron mis padres en la Navidad de 1972. Anteriormente había practicado este deporte con tenis en San Ramón, Alajuela, y botas de hule, en Liberia, Guanacaste.

Sin embargo, cuando nos trasladamos a vivir a Curridabat, aquel carajillo de 11 años que era yo en ese entonces pensó que ya era hora de jugar al balompié con el calzado apropiado. Así se lo hice saber a los “colachos” verdaderos, quienes me obsequiaron los zapatos, el uniforme completo de Saprissa, maletín y bola incluidos.

Aún recuerdo algunos detalles del día de la compra. Mi tata me dijo que me alistara para ir a hacer un mandado en San José. Fuimos en la Pulga, como llamábamos al Mini Austin rojo que aún olía a nuevo.

Me volví loco en cuanto entramos en la tienda Creaciones Deportivas Luis Chacón pues comprendí por qué estábamos ahí.

Al cabo de media hora, salimos de ese local con una bolsa de plástico en cuyo interior iban una camiseta morada, una pantaloneta blanca, unas medias, un maletín y una bola de cuero que combinaba ambos colores. Y además los tacos: negros, con tres ribetes blancos a cada lado y suela blanca.

El precio de los tacos no llegó a los ¢300. En cuanto regresamos a casa, mamá los envolvió –con el resto de la indumentaria– con papel regalo alusivo a la Nochebuena y colocó el paquete debajo de un árbol de ciprés decorado con adornos que el gato de mi hermano Alejandro, Burbuja, golpeaba como a una pera de boxeo.

Apenas amaneció el 25 de diciembre salí en carrera hacia la plaza de Curridabat, en donde imaginé ser mi jugador saprissista favorito: Édgar Marín.

Hace años que “colgué los tacos”, por lo que hace pocos días casi me voy de espaldas cuando ingresé a una de las tiendas deportivas de Lincoln Plaza y descubrí unos tacos marca Adidas con el precio de ¢190.000. No me quedó más que preguntarle a la vendedora: “¿Usted me garantiza que cada tiro que haga a marco con estos tacos va a ser gol?”.

Muy bonitos y modernos los tacos de ¢190.000, pero me quedo con aquellos que en 1972 valían poco menos de ¢300. No hace falta explicar por qué.

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