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Opinión: El poeta y el pateador

Actualizado el 04 de junio de 2017 a las 04:20 pm

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Opinión: El poeta y el pateador

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Juega el Tottenham. Un balón queda suelto en esa zona limítrofe del área: la frontera entre la realidad y la fantasía, ahí donde se distinguen los poetas de los meros pateadores de bola. Lamela amaga un remate de derecha… ¡y para el estupor de todos se saca una rabona que deja hierático al portero, los rivales, los locutores, los aficionados, todo el mundo!

Mi reacción consistió en reír. Una risa de deslumbramiento, de incredulidad y, en última instancia, de gratitud. El disparo tiene: 1-potencia, 2-efecto, 3-colocación (entra ajustado al paral izquierdo). El portero esperaba un derechazo… pero Lamela lo congeló con un zurdazo que ningún terrícola normal ensayaría en esas circunstancias. ¡Ah, qué bello puede ser el fútbol, cuando se juega con generosidad, con floretes de espadachín y requiebros a la Cyrano de Bergerac!

Lamela aceptó el riesgo: pudo haber pifiado de manera estridente. Pero en él prevaleció el artista sobre el funcionario, el improvisador sobre el burócrata, el danzarín sobre el soldado raso. ¡Qué estéril es el fútbol cuando se juega sin arrestos, sin triples saltos mortales sin red de protección, en suma, sin romanticismo! Lamela nos regaló un momento para atesorar, un momento para la eternidad.

¿Cómo es posible que este poema valga lo mismo que un gol anotado por chiripa, quizás con las nalgas, a una cuarta del portero, con un balón que se arrastra miserablemente hacia su línea de cal, y apenas consigue traspasarla? ¿No provoca esto en ustedes eso que los filósofos franceses llaman un scandale métaphysique ? ¿Un corto circuito mental? ¿Una súbita epifanía, un instante de iluminación en el que trasluce la inherente injusticia del fútbol?

Gestos como el de Lamela deben ser recompensados, propuestos como modelo para la emulación. ¿Queremos o no queremos fútbol bello? Sí, soy un lírico, pero es evidente que quienes me critican por ello desconocen el verdadero significado de la palabra: lirismo es lucidez, clarividencia, sensibilidad e inteligencia, no embobamiento romanticón. Bajo ningún sol de la Vía Láctea podría el soneto de Lamela valer lo mismo que un gol milpa, ordinario, vulgar. Goles así deberían contar por tres. El reglamento del fútbol debe ser puesto patas arriba. Yo me encargaré de ello.

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