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Opinión: Mi comentarista favorito

Actualizado el 20 de septiembre de 2017 a las 03:35 pm

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Lo digo de una vez, se llama José Alberto Montenegro, el periodista que luego de tres años en Repretel retornó a los micrófonos de la radio, esta vez como parte del equipo de Deportivas Columbia .

Es mi predilecto por varias razones. Primera: domina el tema del cual habla, el fútbol, por eso nos orienta con propiedad, inteligencia y claridad a quienes escuchamos sus análisis de jugadas, estrategias, planteamientos, alineaciones, cambios, rotaciones, fortalezas y debilidades de los equipos.

Segunda: se nota que está cien por ciento conectado, enfocado, concentrado, en las incidencias de los partidos, de allí que sus aportes son siempre oportunos y pertinentes. En cuanto sucede algo digno de ser comentado, reacciona con rapidez y nos explica la o las posibles razones de lo que está sucediendo sobre la gramilla, en los banquillos o en los camerinos.

Tercera: tiene la mira puesta en lo verdaderamente sustancial y relevante. No pierde el tiempo con opiniones que salen sobrando, datos irrelevantes, bateos, reiteraciones calcadas de la jugada que su compañero Marvin Centeno acaba de narrarnos, chistes que no vienen al caso (aunque sí sabe dosificar su sentido del humor) o peroratas que no dicen nada (“incontinencia verbal”, diría el escritor Alfonso Chase).

Cuarta: no grita, no nos ametralla con vocablos, no atropella el idioma, no ataranta; su evidente pasión por el fútbol no cae en la histeria ni en el fanatismo. Excelente dicción y vocabulario –es evidente que es una persona educada– que nos permite entender cada uno de los términos que utiliza.

Quinta: es respetuoso. No es lo que se llama “canchón”, confianzudo, corriente; sabe guardar la distancia, diría un oficial del Tránsito.

Sexta: es conciso. Va al grano con comentarios breves; denota claridad mental. Sus aportes son tejidos elaborados con las puntadas necesarias. No se engolosina con el micrófono hasta resultar cansón. Es como esos futbolistas que saben en qué momento hay que pasar el balón.

Puedo citar más razones, pero mi editor, Antonio Alfaro, me diría que en este juego con la palabra no hay tiempos extra ni penales; a lo sumo, un par de minutos de reposición. Pero bueno, ya escribí lo que básicamente quería decir.

Muchas gracias, José Alberto. Se lo dice alguien que no tiene el gusto de conocerlo, pero valora y agradece su trabajo.

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