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Opinión: Reconocer al General Ramírez

Actualizado el 14 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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Este es el momento para que el fútbol tico dé un salto de calidad, y que el episodio de Brasil 2014 no quede en la memoria como una historia fantástica, única e irrepetible.

Por un lado, se mantiene la generación de buenos futbolistas, la legión que tanto soñamos en nuestras viejas fantasías. Por el otro, encontramos a un técnico que, con los matices del caso, mantiene la línea de Jorge Luis Pinto. Es cierto que le falta un poco de rodaje mundial, pero es allí donde los jugadores tienen que hacer su parte y ratificar lo que tanto cacarearon: que ellos, más que Pinto, fueron los artífices de la gesta mundialista.

No quiero decir que Óscar Ramírez no tiene las condiciones, la experiencia y el don de mando para encausar hacia otro gran Mundial. Pero es evidente que la responsabilidad mayor está en los futbolistas, “porque ya pasaron por donde asustan”.

Con Paulo César Wanchope como técnico nacional, esos jugadores demostraron que no se podía prescindir de un orquestador, de un maestro de ceremonias que asumiera el mando con autoridad y buenas y precisas decisiones. Eso descarta que los mundialistas de Brasil son suficiente arsenal para mantener el nivel alcanzado hace dos años.

Si son inteligentes, ese caudal futbolístico debe ser puesto en la cancha para potenciar los conocimientos y habilidades del Macho. Lo campechano no le quita lo estudioso. El campesino que refleja tiene esa picardía y sexto sentido del tico de pura cepa, aderezada con muchas horas de buen fútbol en sus tiempos de jugador.

Óscar Ramírez es un diamante que se viene puliendo desde la época de asistente, con una obsesión por el estudio y los detalles tácticos, tanto del rival como de sus equipos. No tiene el garbo de los entrenadores de pasarela, pero sí un caudal de experticia probada en los torneos locales y de Concachampions .

Hasta ahora, la mancuerna parece que ha funcionado. Pero llegó el momento de los balazos de verdad, y es aquí donde ambos deben poner lo mejor de sí a disposición del otro. Las posibles deficiencias de Ramírez han de ser asumidas por los futbolistas de mundo, empezando por Navas, Ruiz y Celso.

Y los jugadores requieren de la humildad suficiente para entender que ese técnico con éxitos locales, que no ha cruzado el charco para dirigir, y proyecta un bajo perfil, tiene la sabiduría y las condiciones para convertir cualquier juego en una batalla táctica frente a cualquier estratega.

No pueden los futbolistas caer en la arrogancia de pensar, como lo externaron alguna vez, que el triunfo se logra por la calidad de los jugadores y no por el aporte del entrenador. Eso sería nefasto, porque vienen las verdaderas batallas y se requiere que todos reconozcan a Óscar como el líder y lo empoderen como el general estratega que planeará cada uno de los 10 combates que decidirán si vamos o no a Rusia.

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