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Opinión: Popeye a examen y con alto riesgo de reprobar

Actualizado el 10 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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Opinión: Popeye a examen y con alto riesgo de reprobar

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La Juvenil se clasificó al Mundial de Corea del Sur con una producción pobrísima, corriendo mucho y pensando poco, y guiada por un DT que si va a examen reprobaría

El profe se ufanó de que sus “chicos corrieron siempre”, pero se olvidó de que este juego se trata de tener la pelota y administrarla con criterio para llegar al gol tocando.

El Mundial está encima —20 de mayo al 11 de junio—, clasificamos por un formato que premiaba la mediocridad y ni en la dicha plena que supuso el boleto ante Panamá, vimos un ápice de autocrítica ni humildad para mejorar.

Se escucharon excusas de todas las raleas: desde un muchacho que deslizó un “al Mundial solo van los mejores” —sin importar el cómo— hasta el técnico que descartó deficiencias en su equipo.

Popeye se queda porque el Mundial se juega en poco más de dos meses, pero no está de más llamarlo a cuentas para que dé explicaciones de peso, asuma su cuota de responsabilidad y razone cómo va a corregir este caos.

No cabe su argumento de que se desvalorizó la clasificación porque Costa Rica se había ausentado de los torneos de esta categoría desde el 2009, pues jugamos en casa, con decenas de fogueos y una inversión en viajes cercana a los ¢100 millones.

Hubo un desfase entre lo que esperábamos y lo que produjimos, y el técnico creó una expectativa acerca del verdadero nivel del equipo al decir que en la segunda fase comenzaba el verdadero torneo y, la verdad, es que nunca convencimos ni mucho menos.

Jugaban mejor los equipos que armaban en su época los recordados Ibo Arias y Juan José Gámez, sin tanto rodaje internacional, pero con futbolistas que la ponían al piso, se tuteaban con México y lo hincaban.

A una edad muy temprana, a nuestros jugadores los atacan la figuritis y el síndrome de los visores en la grada, olvidándose de que el futuro se labra en ese presente permanente que es jugar bien siempre, como manda la tradición.

En el otro grupo, el de Estados Unidos y México, habríamos terminado últimos, sin Mundial y con pena; por eso ahora que al menos clasificamos por las bondades del formato, hagamos un propósito de enmienda y no le tengamos miedo a la autocrítica.

Y por favor Popeye, no más risas socarronas ni excusas pueriles, como en la penúltima rueda de prensa antes de medirnos con Panamá, porque dio pena ver en ese estado de ánimo al hombre que tiene en sus manos el futuro del fútbol de nuestro país.

Y a los dirigentes que no les tiemble el pulso para hacer lo que les corresponde porque detrás vienen la Sub-17 y la Sub-15, y como país nos jugamos todo en un proceso que al calor de los resultados alcanzados en casa y con todas la ventajas, demuestra que no va bien.

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