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Opinión: Fútbol y tiempo

Actualizado el 28 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

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A propósito de la característica “puntual” del delantero, juzgo oportuno evocar un concepto del filósofo francés Vladimir Jankélévitch, extraído de su maravilloso libro Lo irreversible y la nostalgia , excepcional reflexión en torno al tiempo.

Jankélévitch habla de tres posibles posturas frente a la “futurición”, a lo que está por suceder. La primera es la del oportunista. Este “se ubica en la posición más adecuada para aprovechar la oportunidad”. Luego viene el “ocasionalista”. Este espécimen no se contenta con posicionarse en el mejor lugar y esperar a su presa. Antes bien, “acecha y está presto a saltar”. Tiene con respecto al hecho inminente, una actitud más proactiva que el oportunista, y también se “adhiere” al futuro más estrechamente. Por fin, el “instantaneísta” actuará cual relámpago, haciendo que su percepción de la oportunidad y la ejecución del salto sean prácticamente simultáneas, o a lo sumo, diferidas por nanosegundos. Para el “instantaneísta”, el presente del acecho y el futuro de la oportunidad casi coinciden, casi son sincrónicos.

A la luz de la reflexión de Jankélévitch, diré que he visto delanteros “oportunistas”, “ocasionalistas” e “instantaneístas”. Dentro de esta tercera, óptima categoría, solo incluiría a Gerd Müller y a Pelé (cuando jugaba al acecho y en punta de lanza, que no era frecuentemente). La diferencia entre uno y otro estriba en el hecho de que el “instantaneísmo” de Müller era la única de sus facultades, mientras que para Pelé, el “instantaneísmo” era tan solo una en un repertorio inagotable de virtudes.

Rara vez se habla de esto, y me sorprende, porque es un factor determinante en el deporte. Lo que hace grande a un futbolista es, en primerísimo lugar, su inteligencia temporal, y más aun, su sensibilidad temporal (porque el tiempo, más que objeto de intelección, es objeto de sensación). Saber estar en el lugar justo, en el momento justo. Ni un segundo antes o después. Tomar el tiempo subjetivo y fundirlo con el tiempo objetivo del cronómetro. “Sentir” el decurso temporal de la jugada, y estar ahí para asestar el zarpazo. Más que oportunismo: “ocasionalismo” e “instantaneísmo”. Saber “vivenciar” el tiempo. Todo gran futbolista es un poeta del tiempo. Sucede tan solo que no se sabe tal.

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