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Opinión: ¿Alajuelense en otra casa? Ni soñarlo

Actualizado el 22 de junio de 2017 a las 07:30 pm

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Opinión: ¿Alajuelense en otra casa? Ni soñarlo

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Justo cuando la gramilla híbrida del Morera Soto empezaba a germinar, la dirigencia alajuelense nos sorprende con un plan para valorar la posibilidad de cambiar de casa.

Fernando Ocampo quiere hacerse un hueco en la historia de la Liga y como por ahora el proyecto futbolístico no da, explora otros escenarios más estridentes, pero irreales.

Sin un centavo para edificarlo con recursos propios y a expensas de que la Municipalidad adquiera el inmueble actual, la idea es financiar el proyecto con lo que le den por el Morera.

La economía del país no anda para una iniciativa de esta envergadura, que requeriría de una suma rocambolesca en millones de dólares para adquirir el terreno y levantar los graderíos.

¿O será que como plantea el presidente, se desmontarían las estructuras más modernas y se llevarían al nuevo reducto, algo así como construir casa pero traerse las paredes de la sala vieja, para bajar costos?

¿De dónde tomaría dinero la Liga para edificar un estadio de primer mundo, como El Nacional, sin un padrino chino ni obreros de ojos almendrados para pararlo en pocos meses?

El proyecto es eso, un boceto, pero tiene algunas incongruencias y le llega a la feligresía rojinegra justo cuando la preocupación cimera es el nivel del equipo de cara al inminente Torneo de Apertura.

Un estadio es un ancla, la casa para reunir a la familia, el escenario en donde conquistar las glorias nuevas y para eso el Alejandro Morera actual y el momento del equipo se bastan.

Esto parece una fantasía fraguada en las sobremesas del festejo de los 98 años. No creo que los alajuelenses quieran otra casa que no lleve el nombre del Mago del balón, el referente que marcó el camino de gloria del equipo.

En Alajuelense hay temas prioritarios como por ejemplo apuntalar el equipo que, en palabras del propio Benito, podría verse hasta en el 2018 y quién sabe, entonces, si la segunda afición más grande del país soportará otro semestre sin protagonismo.

Lo mejor sería que la Liga se quede en el Morera, que juegue con el rojo intenso de sus días de gloria, que establezca una dictadura de títulos con el juego que enamora a su gente.

Cualquier rojinegro cambiaría eso por un estadio de primer mundo.

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