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El extraño caso de Hernán Torres

Actualizado el 30 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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El extraño caso de Hernán Torres

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La salida de Hernán Torres de la Liga era esperada, después del golpe al hígado que le propinó Saprissa en su propia catedral. El colombiano se equivocó tácticamente en Tibás y no fue capaz de encontrar y transmitir una fórmula para revertir el resultado de ida.

Anunció un equipo ofensivo en su visita al archirrival, pero no solo no lo fue, sino que sufrió el embate morado que provocó 14 tiros de esquina en la primera parte y dos goles merecidos en el complemento.

Y en el Morera Soto ensayó con cambios que tampoco resultaron y el equipo se perdió entre la ansiedad y las reiteradas fallas defensivas de toda la temporada.

El colmo: cedió el título ante un Saprissa sacudido por la irregularidad de una campaña en la que su misma afición no daba una peseta. Basta con revisar las redes sociales a mitad de temporada para recordar que casi todos los morados pedían las cabezas de su dirigencia por no saber nada de fútbol, la de los dos técnicos anteriores y la de algunos princesos, acusados de verse y reverse al espejito antes de salir a la cancha.

Ese fue el equipo que celebró en el Morera Soto un 23 de diciembre que será inolvidable para el ego de la rojinegro. Los princesos no solo acabaron con el feroz león que había amedrentado a todos a lo largo de la clasificación, sino que lo dejaron en paños menores en su propia madriguera.

Lo extraño de todo es que don Raúl Pinto, con el festejo morado encima, culpó a sus jugadores por la pérdida de la final. Pronosticó salidas y llegadas de futbolistas y, como un adelanto, despidió en público a Andrés Lezcano. ¡Para que todos supieran que esto no se iba a quedar así!

Extraño porque unos días después, mientras Torres se comía su tamal paisa, le llegó un nuevo golpe al hígado. El teléfono no le llevó una inocentada del 28 de diciembre, sino una sentencia de muerte. Junto con su folclórico asistente tiene que buscar equipo en Colombia, o en otra parte del planeta.

Si la culpa del fracaso fue de los jugadores, entonces nadie entiende por qué han echado a Torres. A menos que alguien, con un poco de lucidez y cabeza fría, haya recapitulado los pecados capitales de un técnico que tuvo todo para lograr el título 30 liguista, pero que inexplicablemente no metió ni las manos en esa embestida morada que aún tiene al equipo a revolcones.

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