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¿Miedo, yo?

Actualizado el 09 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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¿Miedo, yo?

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Imagino que a todos los ticos les pasa lo mismo. Me siento a ver un partido contra Brasil, la multicampeona, y no me da miedo. No solo eso: estaba convencido de que le sacábamos un buen resultado y al final fue así. El gol nació en un error más que evitable y el árbitro nos despojó de un penal y un tanto legítimo.

Como dicen en la jerga futbolera, “me agrandé”. Porque entró Neymar a falta de 10 minutos y no me dio taquicardia. Ya había ingresado Kaká, otro de los ídolos de la vieja escuela preciosista brasileña y tampoco me provocó ir al baño.

El Mundial del 2014 nos vacunó contra espantos y nos ha vuelto más matones que Popeye ante el descomunal Brutus. Por si fuera poco, el gran ojo electrónico puso a los ticos en la boca del mundo desde hace rato y dejamos de sentirnos espectadores de las grandes batallas del fútbol y de sus intocables ídolos. Ahora somos parte de esa galaxia que anima los cinco continentes por los que rueda el balón.

A mí todas las peripecias de Keylor Navas me perfumaron el ego. Más allá de si se iba o no del Madrid, me parecía maravilloso que el planeta entero tuviese como epicentro de las noticias a un tico, humilde y sereno, que se debatía en una encrucijada en la que ojalá todos pudiésemos haber estado: quedarse en el Real, el todopoderoso, ganando dos millones de euros al año, o irse al Manchester, con el doble de dinero en el bolsillo.

¡Nunca un tico fue tan universalmente mediático! ¡Y recordar la alharaca que se armó en 1985 cuando Enrique Rivers, después de mucho tiempo sin legionarios, visó un pasaporte para ir al Comunicaciones de Guatemala!

O la desilusión que nos llevamos cuando Óscar Ramírez volvió sin el esperado contrato del Logroñés español, lo que en esa época –anterior al Mundial del 90– equivalía a un viaje a la Luna.

Hoy es normal encender el televisor y ver que comentan una destacada actuación de Navas, Ruiz, Celso, Pipo o Campbell. Son nombres y marcas de uso común en esta legión de súper héroes en que se ha convertido el planeta fútbol.

Por eso el balompié tico debe despojarse de sus harapos de Cenicienta y perpetuar esa historia principesca originada en Italia 90 pero que brilló con esplendor de hada en Brasil.

Los miedos míos ya no existen, como imagino no los hay en ningún aficionado y menos en un futbolista tico cuando se pone la tricolor.

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