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McDonald no quiere morir en el intento

Actualizado el 19 de agosto de 2016 a las 12:00 am

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McDonald no quiere morir en el intento

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Un error de apreciación arbitral tiene a Jonathan McDonald de vuelta en el cadalso, castigado tres juegos y convertido en el combustible que aviva la hoguera de las pasiones.

Lo peor que podía ocurrirle a esta Liga devaluada es perder a su delantero más completo por una impericia del juez y la deshonestidad de un rival, al fingir la falta.

Quizá en beneficio de Ricardo Montero cabe apuntar que la acción es compleja porque la primera impresión muestra al saprissista por los aires y a McDonald como una barredora.

Todo se aclara después, en una toma a nivel de cancha: Jonathan levanta su pie y evita el contacto, pero el morado se olvida del fair play y continúa su montaje.

No voy a defender a Jonathan, ese es trabajo del vicepresidente y abogado erizo Aquiles Mata, mas entiendo su bronca porque esta vez la roja vino por una presunción magnificada por un colega.

McDonald es víctima de su leyenda, que lo perseguirá hasta que se retire porque el medio no digiere sus propósitos de enmienda y todos los rivales quieren sacar partido.

Por eso lo empujan, lo majan, lo provocan, le halan sus rizos rastas, le mandan mensajes cifrados o directos en entrevistas o ruedas de prensa, para incendiar su vena volcánica.

El fútbol y sus protagonistas deberían mejorar los modales, dejar en paz a un jugador que ya pagó sus culpas y purgó sus penas, y no aprovechar cada oportunidad para empujarlo al despeñadero.

A lo mejor sirva de ejercicio ponerse en los pies ajenos y pensar si a uno le gustaría que se le juzgue de manera sistemática por los errores del pasado y se reste valor al cambio en el plan de vida.

Jonathan se equivocó en la acción del clásico. Con la leyenda que carga sobre el lomo no puede ir de tacle en ninguna acción porque aunque corra la pierna, el rival fingirá y ya sabemos las consecuencias.

Pero también se entiende que en esta Liga del presente no hay espacio para lirismos y futbolistas de su coraje peleen cada pelota como si fuera la última, para frenar un avance y montar un contraataque.

McDonald no quiere morir en el intento de convencer al país futbolero de que anda en otro plan.

Pienso que se merece la oportunidad para empezar a redimirse porque cuando el fútbol se acabe, no tiene por qué cargar con un estigma.

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