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Mauricio Wright, ojalá no se te caiga Pérez

Actualizado el 12 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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Que Mauricio Wright la rompa en Pérez no es nuevo. En el Verano del 2012 se alió al protagonismo durante toda la fase de clasificación. Terminó primero, pero se estrelló con Herediano en semifinales.

Después de eso la mano vino mala en el Malacateco chapín, Cartaginés —aunque ganó el Torneo de Copa—, Herediano y Municipal de Guatemala.

Muy joven aún —45 años— para enlistarlo en la categoría de técnicos sin futuro en el país, es innegable que requiere de un lauro fresco para oxigenar la gloria del Invierno 2009 cuando sacó a Brujas campeón.

Este regreso a Pérez es clave para legitimarlo como un timonel de peso en el medio, en donde merecería que se le respete por algo más que su carácter fuerte. Por eso debería irle bien, aunque la derrota ante Cartaginés, el miércoles, abrió un frente de duda.

Los entrenadores a veces se queman por protagonismo o, al menos, una oportunidad que les devuelva la vigencia. Pero, hay que estar desequilibrado mentalmente para agarrar a Pérez con el talonario entero para descender, e intentar el milagro.

Mauricio hizo un equipo nuevo, llamó a 17 futbolistas y comparte la cabeza de la tabla junto a Alajuelense, Herediano y Cartaginés, y eso merece un elogio.

Por antecedentes y vivencias personales, es un hombre que sabe plantársele a la adversidad. Creció en la pobreza, veló por la manutención de una familia de 12 miembros y forjó su carácter bajo la influencia del mejor referente en la vida de todo hombre: su madre.

Conozco el detalle porque se lo contó una vez a corazón abierto al colega y amigo Olman Mora, en un artículo titulado “Líbero por mamá Juanita”, en donde la vida de privaciones la compensaba esa mujer modélica que lo empujó a convertirse en futbolista.

Allí narró este pasaje: “Una Nochebuena alguien llevó una pera a la casa. Los 11 hermanos nos sentamos alrededor de la mesa… En eso llegó mamá, tomó un cuchillo y la partió en 12 rebanadas. Nadie quedó lleno, pero todos aprendimos que en aquel hogar cualquier posesión era un bien común”.

Wright fue guía de los niños que daban paseos a caballo en La Sabana, panadero, peón agrícola en Aserrí, empleado de una reencauchadora y cortador de prendas íntimas en la fábrica Leonisa. Aunque aquí escribimos de fútbol, no puedo sustraerme a los orígenes del técnico, a sus valores familiares y por ello desearía que le fuera bien. Wright, ojalá no se te caiga Pérez.

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